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Capítulo 9: La búsqueda de lo extinguido.



Con unas cuantas palabras y una sonrisa aquella mujer dio la bienvenida a los jóvenes viajeros, más aquella amabilidad parecía una mentira mal elaborada,  ya que todo de ella era despampanante y malicioso, su vestir, su andar, su mirar; todo era así.
Al bajar los alfombrados escalones se encontró cara a cara con sus jóvenes visitantes, enseguida Fao saludo como era debido, colocando su mano en su pecho y bajando la cabeza, la bruja apenas correspondió el saludo.
- ¿Y bien? – cuestiono con impaciencia la hechicera.
Sin mediar palabra Zelda le entrego una caja delicadamente envuelta,  al no más tenerlo en sus manos la bruja deshizo el envoltorio, abrió la caja y observo detenidamente la renegrida joya que había en su interior, mientras eso ocurría el joven Sheikah la miraba con un dejo de desagrado, ya que su sola presencia le inspiraba desconfianza; Zelda compartía el mismo sentir pero ¿Cómo era posible? sencillamente porque su percepción era de tímpano y no de retina; entonces incapaz de retener sus dudas y aburrida del repentino silencio que se había formado cuestiono:
- ¿Funcionara? ¿Con esto los encontraremos?
La interrogante saco a la bruja de su detallada observación, volteo su mirada a la joven y le respondió con otra interrogante.
- ¿Lo dudas?
- La situación en el reino es delicada, necesitamos encontrarles cuanto antes.
-  Es normal que no lo entiendas, desenmarañar los vestigios de una leyenda es un concienzudo proceso, tu paciencia esta tan cerrada como tus ojos. – Contesto Altanera y con una mueca de fastidio.
Enfurecido por la falta de respeto, Fao reacciono de inmediato en defensa de su hermana diciendo:
- Y nosotros esperamos que tu efectividad sea tan grande como tu boca.
El ambiente se tensó al instante, la mirada del Sheikah y  la bruja se cruzaron fulminantes por unos segundos, deseando internamente hacerse respetar, sin embargo para ninguno era conveniente entrar en conflicto, entonces la ofendida hechicera se dio la vuelta subió los escalones y hablo por última vez.
- Pueden escribir en su informe que recibí el objeto y si no tienen nada más que decir pueden retirarse ¿conocen la salida no?
Molestos por la mala educación con la que fueron tratados, pero no deseando sobredimensionar el asunto se marcharon del salón y  de la fortaleza, adentrándose de nuevo en la siniestra frondosidad, con una agridulce esperanza en sus corazones.


Los primerizos rayos del amanecer iluminaban la montaña del dragón y paulatinamente los que no habían sido alcanzados por ese castigo tan cruel e injusto retomaban sus quehaceres. El patriarca tenía la costumbre de levantarse temprano, puesto que su posición le absorbía tiempo que no podía (o no debía) desperdiciar, pero antes de atender cualquier asunto pasaba a la habitación de su hijo; era en esos momentos que su estoica figura quedaba en el olvido y se convertía en un sensible progenitor, todos los días era así, le visitaba, le hablaba y le transmitía esperanza, a sabiendas de que él no podía oírlas debido a su estado de inercia, condición que compartía la mitad de su gente, por culpa de un capricho.
-  ¿Sera que este día habrá una solución? – Cuestiono desesperanzado en medio de su soledad.
Su respuesta fue inmediata y ruidosa, un par de golpes se escucharon desde fuera de la habitación, sacando al regente de su aflicción paternal, obligándolo a retomar su firme actitud.
- ¿Sucede algo?
- Akela desea verlo.
Al escuchar aquel anuncio, su corazón se exalto de esperanza, pero también de temor, ¿habrá logrado Akela encontrar la tal ansiada solución? ¿O quizá deseaba anunciarle que nada podía hacerse? Sea cual fuere el motivo debía enfrentarlo con prontitud, pero antes de marcharse, libero aquel  amor paternal mediante una caricia.
Entretanto Link acababa de recobrar su forma humana, perezoso y hastiado miraba una de sus manos que hace unos momentos era la extremidad de un canino, luego volvió su mirada al alba que resplandecía dorada y hermosa, entonces su mente se perdió entre el encanto y las preguntas, todas relacionadas con su próximo arriesgado periplo y la supuesta recompensa que recibiría al completar aquel favor.
Media hora paso, tiempo que Link invirtió para desprenderse la modorra, prepararse e ir con Akela quien suponía encontrar trabajando, el crujir de sus botas sobre las superficies gastada de madera y los frescos ventarrones  (algunos fuertes) le hacían sentir inseguro debido a la poca costumbre de su entorno. Pero logro llegar, a ese salón largo y sobrio, oliendo a hierbas, secas, frescas, o a quien sabe qué. En ese momento Akela no estaba, Link supuso que quizá se había desvelado y por eso el sueño lo había atrasado, entonces decidió aprovechar su ausencia para husmear entre los polvorientos libros y  montón de extraños artilugios; objetos que no sabía utilizar, peor aún, ni sabía que existían y seguramente Akela tampoco ya que según sus propias palabras, él era un simple amateur; aun así parecía tener cierto talento, ya que podía desmantelar barreras que normalmente imponían los hechiceros para evitar la rotura de sus conjuros, es por eso que sus servicios habían sido solicitados. Después de dar rienda suelta a su curiosidad sobrevino la preocupación e impaciencia, al pensar que la encomienda de Akela atrasaría su viaje por quien sabe cuánto.
- ¿Aburrido?
Link dio un brinco al escuchar esa calma voz tras de sí, provocando las risas de Akela al ver el inusual susto que sin querer le había causado, en respuesta y con un sano deseo de vengarse de la burla Link le pregunto.
-  Llegas tarde ¿acaso El laborioso Akela se quedó dormido?
Akela volvió a reír, ya que sabía que los motivos de su retraso estaban justificados, entonces deseoso de hacerle ver su fallido intento de represalia le explico que había estado con el patriarca. Resignado por no haber logrado su objetivo, Link suspiro y pregunto si podían iniciar sus labores.
Akela noto leve prisa e ímpetu en su pregunta, más no lo culpaba, ya que sabía que no era fácil llevar esa carga sobre sus hombros, una vida dividida entre el día y la noche entre la humanidad y lo bestial; entonces llevo sus dedos índice y pulgar a su mandíbula, suavizo su tono  para darle una buena noticia.
- De hecho iba decirte que prepararas tus cosas, te acompañare a la isla de Forsaken.
Contento por la noticia, Link sintió como la adrenalina llenaba su alma, pero al mismo tiempo se extrañó por el repentino cambio de planes, incluso pensó que quizá Akela deseaba apresurar su ayuda para después encargarse de lo demás.
- Nada de eso – Expreso con gravedad – Lo que pasa es que anoche descubrí la solución y no la encontrare aquí, hay algo que necesito ir a buscar.
- ¿y eso es?
- La esencia de un hada.
Sorprendido e incrédulo Link levanto una ceja ¿habrá escuchado bien? Irían a buscar algo que según se rumoraba estaba extinto; Akela leyó la duda en la expresión de su amigo, sonrió módicamente, llevo sus manos a su espalda, camino hasta uno de los escritorios y dijo al mismo tiempo que ojeaba sus anotaciones.
- Creo que haz de haber escuchado algo sobre el fatal destino que tuvieron esas criaturas, no te preocupes no iremos tras vagos rumores, más bien iremos tras una ninfa.
- Explícate por favor – Pidió el confundido muchacho.
- Las hadas solían utilizar algunas flores para descansar, las ninfas eran sus preferidas, debido a eso muchas de esas flores quedaban impregnadas de su benigna esencia; en el gran mar  hay una pequeña isla llamada medre e hija, lo ideal sería encontrar una hada real, pero dada las circunstancias, con unas tres flores que traiga bastara.
- ¿Entonces cuál es el plan?
- Primero iremos al puerto de Mercay, nos abasteceremos y rentaremos un buen barco, conozco a alguien que puede ayudarnos – Expreso meditabundo – el puerto esta solo a día y medio de aquí, contrario a Forzaken y la islas madre e hija, es posible que tardemos muchísimo antes de llegar a nuestro destino.
- Lo importante es que podamos cumplir nuestros objetivos.
- Palabras muy sensatas mi amigo, muy sensato – Finalizo Akela.
Una vez que los planes fueron hechos y la ruta acordada, los ahora viajeros, recogieron sus pertenencias y se marcharon de la montaña del dragón, no sin antes despedirse del patriarca y demás pobladores; la esperanza de todo un pueblo pesaba sobre los hombros de este par, pero también llevaban bendiciones y buenos deseos.
A diferencia de la llegada, la ida fue placentera, el viento frio juguetón y caminero se disfrutaba más en compañía de un amigo. El verdadero viaje comenzó después de que Link se reencontrara con su fiel compañera “Epona”, al no más tener contacto visual con su jinete la garañona relincho y movió la cabeza de alegría, sentimiento que era mutuo, Link no dejaba de abrazar y expresarle desde el fondo de su corazón lo mucho que le extrañaba. Akela también vivió una situación similar al reencontrarse con su corcel,  macizo,  de pelaje de reluciente oscuro; tornado era el nombre de aquel Equino. Y sucedió, las horas se consumieron de tanto andar, hasta que el sol lentamente relevo su reinado a la oscuridad, obligando a los viajeros a detenerse y descansar, más Link no podía conciliar el sueño, la emoción aventurera y el hipnótico vaivén de la fogata se lo había quitado.
- Link, trata de dormir un poco por favor.
Sacado del remolinear de sus emociones volteo su mirada a Epona quien lo había estado observando sin que se diera cuenta.
- Disculpa te he molestado. – respondió con amabilidad.
Epona negó con la cabeza, luego su mirada se prendió en el fulgor de las constelaciones y hablo plácidamente  - He visto un nuevo brillo en tus ojos Link, ¿sabes? al igual que tu creo que esta vez encontraras la cura que tanto deseas, pero por favor descansa, si no la aventura te sorprenderá somnoliento y cansado.
La amabilidad de Epona mitigo un poco su inquietud, entonces cediéndole la razón, Link intento conciliar el sueño; lográndolo una hora después.
El día siguiente siguió como el anterior, andando siempre andando, hasta que empezaron a escuchar ese furor marítimo, tan imponente y terrible, pero admirable y hermoso al mismo tiempo, entonces los viajeros se detuvieron apreciar en lo alto el panorama, de inmediato Link quedo maravillado, tanto que lamento que su vista no pudo ni podrá jamás abarcar todo el inmenso azul, luego se dejó abrazar por la calidez del viento, sintiéndolo tan distinto al de las praderas, bosques  y montañas que había andado. Akela estaba conmovido y sorprendido, nunca se imaginó que su rudo compañero reaccionara como un niño emocionado; pero debían avanzar, así que con cierto pesar tuvo que recordárselo.
Llegaron a Mercay en pleno mediodía, era un pueblecillo, cimentado en plena playa, era sencilla y pobrecita tan pobrecita que parecía que la palabra puerto le quedaba grande, algunos botes pesqueros yacían tristes en lo seco y los manglares tras el pueblo se movían armónicos al soplo de viento mareño.  Los viajeros continuaron su marcha silenciosos, hasta quedar frente a una arcaica choza, Akela desmonto seguido de su compañero.
- ¿Daviar estas allí? – pregunto Akela desde fuera de la choza.
Pero no hubo respuesta, entonces Akela repitió la pregunta dos veces más.
- ¿Es posible que mis viejos oídos no me engañen? – se escuchó desde adentro, enseguida apareció un viejecillo de largas barbas, sus ojos parecían esconderse entre sus pobladas cejas blancas, apoyándose cansado en un viejo bastón de madera. Animado por la repentina visita el anciano amablemente invito a pasar a sus visitantes, Akela entro a la choza seguido de un apenado y tímido Link.
Valla sorpresa y al parecer no vienes solo, dime ¿Que te trae por aquí?
En seguida Akela presento a Link como uno de sus grandes amigos y explico el motivo de su visita, Link simplemente observaba sorprendido, ya que a pesar del arriesgado modo de vida que llevaba, Akela tenía bajo la manga un buen número de conocidos a quien podía recurrir y viceversa, muy a diferencia de él, que se esmeraba en pasar desapercibido debido al miedo de que su oscuro secreto quedara al descubierto. Cuando la conversación finalizo, el anciano los condujo a una cueva más allá del pueblo, escondida en los manglares, allí varaban dos barcos, más grandes y más eficientes que las humildes lanchas que habían visto en la villa.
- Es lo mejor que tengo, no estoy en posibilidad de pagar un impuesto demasiado alto, tampoco quiero que me las quiten, es por eso que he tenido que esconderlas.
- Lo comprendemos-  dijo Akela con seriedad.
Después vino la preparación de provisiones y demás necesidades; en tierra Link y Akela eran astutos forajidos, ahora se habían convertidos en marinos, dispuestos a enfrentar inmensidad de peligros conocidos y desconocidos. Partieron a la hora que el sol teñía las aguas color de oro, no sin antes encargar el cuidado de sus fieles corceles y agradecer la asistencia del humilde Daviar.
Varios días pasaron así, navegando, ayudándose, turnándose quehaceres y obligaciones para mantener a flote la embarcación, una tarea pesadísima para dos personas, muy a pesar de que el barco era pequeño, de día las gaviotas revoloteaban felices gozando el regalo de la libertad y el viento olía a humedad y sal; pero he aquí que la noche, aun en su negrura de miedo, poseía su propio encanto, el mar parecía dividirse en dos, la mar del cielo tramado con el polvo estelar y la mar inferior de pulcro negro que reflejaba como espejo quebradizo la luz de luna , espectáculo que el mismo Link no dejo de disfrutar a pesar de su maldecida condición. Sin embargo todos estos encantos paulatinamente empezaron a desaparecer, las aguas se volvían más turbias a medida que avanzaban.
- Esto significa que estamos cerca – Anuncio Akela entre alegría y preocupación.
Habían divisado ya la ínsula, pero el mar embravecido les dificultaba la navegación, el par de marinos luchaban contra las olas que convergían de manera extraña, como si el mismo mar insistía en alejarlos en lugar de hundirlos. Después de la peligrosa faena, el pequeño barco salió levemente dañado, sus tripulantes cansados agradecían a las diosas por su buena suerte. Repentinamente Akela tomo total control de la nave y la dirigió a lo que el llamo el puerto de Forzaken, pero el susodicho puerto no era más que un cementerio de barcos destrozados, una vez llegaron a la playa, escondieron el barco entre las ruinas flotantes desembarcaron y se arrojaron en el blanco arenal.
-  Ahora entiendo por qué los marinos rehúyen  este lugar – comento Link mientras recobraba el aliento.
- Y todavía falta recorrido.
Sorpresivamente la playa de Forzaken parecía callada y tranquila. Quizá demasiado para Link quien esperaba ver legiones de Moblins custodiando hasta el más ínfimo centímetro, más esto no era así; la demasiada pasividad, estremecía su ser, sintiendo como una etérea amenaza les acechaba. Después de un breve descanso, los viajeros se adentraron en la isla, hasta llegar a una pradera; de nuevo Link se extrañó al no encontrar vigilancia, ni siquiera algo viviente, solo el lejano rumorar de las olas y unas bizarras estatuas negras semi sepultadas al azar; estas esculturas parecían de cera de vela, maltrechas, simulando ser guardianes de sombras.  Al estar frente a la primera estatua esta se estremeció y como si estuviera expuesta a extremo calor se fundió y adopto la forma de un soldado, de complexión fuerte, armado con una filosa lanza, su rostro estaba cubierto por una máscara monstruosa y al transformarse la primera, se transformaron de inmediato todas las demás; al sentir la amenaza, Link  llevo su mano al mango de su espalda, pero la pesada mano de su compañero detuvo su defensivo impulso.
- ¿Akela? – cuestiono el joven sin poder comprender el actuar de su compañero.
- Mira a tu alrededor. – dijo sin deshacer su asir.
Link no había notado el terrible escenario; a los pies de los guardianes había huesos humanos, tiras de ropa y armas desgastadas por el óxido y el tiempo, entonces Akela dio un paso al frente y con ímpetu y seguridad hablo al primer de los guardianes.
- Nosotros somos ustedes, ustedes somos nosotros.
- Si – contestaron todas las estatuas al unísono -  Nosotros somos ustedes, ustedes somos nosotros.
- Somos como el espejo, el reflejo imita lo que el observador hace.
-  Somos como el espejo, el reflejo imita lo que el observador hace, ciertamente es como dices – Finalizaron aquellas sombras.
Una vez terminado el extraño diálogo, Akela saco a Link de su perplejidad y le dijo que podían avanzar si y solo si no mostraba signos de agresión, dubitativo y extrañado Link obedeció a su compañero, las preguntas remolineaban su mente, al observar esos monstruosos rostros sacados de alguna pesadilla, pero más fue su asombro al notar que esas mascaras poseían leves rasgos caninos.  Casi todo el día les consumió esa insólita aventura y antes de que el anochecer le robara su forma humana (y su capacidad de hablar) Link exteriorizo algunas inquietudes.
- ¿Qué ha sido eso?
- Un hechizo muy antiguo, tanto que pensé que no se utilizaba más; cómo pudiste ver es una trampa mortal, cualquiera que viere esos seres tan horridos atacarían sin dudar, también había escuchado que esas mascaras reflejaban nuestros demonios internos, al parecer era verdad.
En ese momento Link agradeció su compañía y su experiencia, también comento el hecho de que no hubiera durado demasiado si se hubiera aventurado solo.
- A decir verdad– corrigió Akela – Es la primera vez que pongo un pie aquí.
- ¿Entonces?
- Algunos Sheikahs se aventuraron a estas tierras mucho tiempo atrás y luego traspasaron sus experiencias.
Deseoso de saber más Link iba formular otra pregunta, pero la presencia de la noche se lo impido, arrebatándole como siempre su forma humana y el habla, pero aun había tiempo, aun había camino, talvez más adelante tendría más respuestas
Al primer teñir del alba los forasteros retomaron su andar. El segundo obstáculo no podía ser más diferente y extraño al del día anterior, una densa jungla es lo que tenían que atravesar. Parecía sacado de la imaginación, sus frondosos ramales verdinegras soportados por troncos gigantones, diluían los rayos solares, provocando un contraste de luz y sombra,  el mar no se escuchaba más, solo el lejano cantar de algunas aves y esas plantas, redondas, algunas ovaladas, conectadas a raíces delgadas y espinudas, extrañas hasta ridículas.
A medida que Link y Akela avanzaban el número de plantas aumentaba y la luz disminuía.
- Si no me equivoco – puntualizo Akela - más adelante debe haber un rio, este nos guiara a la fortaleza, si no tenemos ningún contratiempo tardaremos un día de camino.
La alegría de saber que estaban cerca de su objetivo les distrajo de tal modo que no se percataron del peligro que reptaba silenciosamente hacia ellos; de repente Akela sintió que algo le halo el pie y lo arrastraba violentamente, Link reacciono enseguida y de un solo tajo de su espada corto una raíz; un violento chillido despertó el peligro.
- ¡No puede ser! Deku babas – Exclamo Link.
Rápidamente Link y Akela se maldijeron a sí mismos por haberse dejado engañar por la tranquilidad paradisiaca que mostraba el entorno, las cabezonas plantas los rodearon e intentaron ferozmente atraparlos con sus filosos colmillos y espinosas raíces;  en medio del combate Link noto que los haces solares apenas si eran como débiles rayas, haciéndole comprender en qué consistía aquella trampa.
- Estas especies – Exclamo Link al mismo tiempo que degollaba una de las plantas – Buscan la sombra, debemos salir de aquí.
El calor de la batalla tupio por segundos la mente de Akela, antes de decirle a Link que corrieran hacia el norte, para encontrar el rio. Y así lo hicieron, a filo de espada ambos se abrieron paso degollando y mutilando a sus terribles atacantes,; largos y afligidos momentos pasaron hasta llegar al rio en cuestión, en semejante situación no hubo tiempo para pensar, simplemente se arrojaron al agua; las cabezas que habían sido degolladas, a fuerza de saltos, obstinadamente perseguían a sus presas y al carecer de raciocinio se lanzaban al cauce, muriendo ahogadas a los pocos minutos; de esa manera Link y Akela se salvaron de servir de alimento.
Varias horas después Link y Akela se tumbaron agotados en la orilla del rio, ya que a fuerza de nado y al empuje de la corriente habían logrado escapar de las fieras Deku babas.
- Al menos no nos perseguirán aquí, lo malo que tendremos que volver allí una vez que terminemos– Expreso Link entre agitados respiros.
- Creo que hay una ruta alterna que podemos tomar, pero está en los subterráneos de la fortaleza, ruega a las diosas porque aun este – luego Akela extendió sus brazos como queriendo abarcar el calor, dejo ir un suspiro de alivio y hablo de nuevo – No pensé que hubiera Deku babas aquí, espero no tengamos que lidiar con más “sorpresas”.
Con anterioridad Akela le había comentado que, en algún momento miembros de su antiguo clan se habían atrevido a visitar esta ínsula maldita y el último comentario no hizo más que avivar su deseo de saber.
- Dime Akela ¿qué más sobre este lugar?
Comprendiendo su ansiedad y su profundo mirar, prometió responderle, pero antes debían encontrar un lugar seguro para pasar la noche, puesto que el lugar (en contraparte del que acababan de escapar) era abierto e impropio.
En lo que sobro del día continuaron a paso pesado,  alerta ante cualquier peligro, Hasta llegar a una cueva al tiempo que el día perdía su dominio y al tiempo que Link perdería su humanidad. Con suma paciencia Akela encendió una fogata, febril y tristona pero lo suficiente para apartar la oscuridad y calentar algún aperitivo para cenar. Sin necesidad de vocablos, Link pudo recordarle a su compañero su promesa, fijando su canida mirada en sus rojas pupilas; Akela adivinando aquel mirar, suspiro, echo un tronco seco al fuego y explico de este modo.
- Dicen que desde siempre estas olas han sido bravías, más la isla no era maldita, fue hasta que la primera exiliada puso un pie que todo cambio.
Las canidas orejas de Link vibraron al escuchar tan atrapante introducción, pero dado su estado no podía acentuar alguna exclamación, solamente podía valerse de su lenguaje corporal para expresar sus impresiones, Akela supo que había capturado su atención, así que continúo su relato:
-  Hubo un clan de hechiceros tan versados como misteriosos, se decía que tenían un historial de heroicas proezas tan extenso, que las diosas les concedieron su gracia; de entre todos sus habitantes hubieron dos hechiceras, las más poderosas que su gente habían visto jamás.
Akela cambio su postura ligeramente y prosiguió:
- Vivian en perfecta armonía, cumpliendo sus deberes, hasta que el corazón de una de esas hechiceras cayó presa de la oscuridad y se revelo de tal modo que llevo a su gente al borde de la extinción. Horrorizada la otra maga se propuso detenerla, pero no era tarea sencilla ya que en poco tiempo la malvada mujer se había hecho de aliados que utilizaba para escudarse; consciente de que no podía vencerla sola, fue hasta Hyrule a pedir apoyo al soberano de aquel entonces. Sin dudarlo el rey le brindo toda la caballería que pudiera necesitar, entre ellos hubieron varios del clan de los Sheikahs.
Al pronunciar la última palabra “Sheikah” Akela pauso brevemente su relato al sentir un enorme peso y un nudo en la garganta, pero se sobrepuso y siguió:
-  Fue una batalla muy dura, pero finalmente la malvada bruja fue derrotada y enviada a juicio. Sus crímenes eran numerosos, tanto que merecida la pena capital, sin embargo (y extrañamente) la otra hechicera convenció al rey de sentenciarla a cadena perpetua en lugar de matarla, fue así como la primera exiliada llego aquí, escoltada por la que una vez fue su compañera y algunos Sheikahs, así paso la bruja aislada por algún tiempo hasta que el apareció.
Link tiro sus orejas hacia adelante en pos de su interés.
-  Unos dicen que era un bandido otros que era un hechicero, nadie supo quién era en realidad, el caso es que fue el quien la libero; es a partir de ese momento que el tiempo pareció perderse para ellos, ya que no se supo más nada. Ahora bien- Puntualizo -  Supongo que en algún momento debieron haber deshecho aquellos hechizos protectores y transformaron este lugar en lo que es ahora. Sin embargo desconozco como el actual rey de Hyrule se hizo con esta isla.
De nuevo la narración se pauso, al ver el asombro que había causado en su amigo, pero el relato no había acabado, así que finalizó diciendo:
- Todas estas cosas pasaron hace mucho, yo llegue a saber estos relatos por boca de mi padre; era apenas un chico, sin embargo y como has oído, en esta crónica hay demasiados huecos argumentales que nunca pude desvelar, es por eso que no permití que vinieras solo, porque tengo fragmentos de experiencias que tú no tienes, a pesar de que son ambiguos.
Aunque Link tuviera forma humana, no hubiera encontrado palabras para expresar su asombro por semejante relato pese a los vacíos, sin embargo Akela no necesitaba oír exclamaciones, sabia el efecto de estupor que había provocado en Link y la nostalgia en él, al recordar aquellos días donde podía sentir con propiedad que tenía un lugar al que pertenecer.
Al amanecer los aventureros siguieron la serpenteante trayectoria del rio, sin obviar la cautela. De repente se escucharon unos pasos pesados y rastreros, en seguida Link y Akela se escondieron entre los arbustos dejando apenitas visible sus ojos, dos Moblins caminaban mal humorados y perezosos conversando de igual modo; resguardados en la seguridad de su escondite Link y Akela los vieron pasar y cuando se perdieron de vista, Akela susurro:
- Ya estamos bastante cerca, pero a partir de aquí debemos ser muy cautelosos, entrar será todo un desafío.
-  ¿Cuánto tiempo nos tomara en llegar?
- Talvez en el ocaso estaremos allí.
– Hoy es luna nueva y será más fácil cometer el asalto.
- En buen momento la luna se ausenta, muy bien, tenemos tiempo de sobra para llegar.
Llegaron a una marisma a la hora que el sol estaba por irse y la noche estaba por venir, sobre el rio ensanchado y calmado derivaban porciones de espartillos, y más allá estaba Forsaken cimentada en poderosa roca. Era extraña e intimidaba como montaña por su altura pero no por su forma, parecía un árbol; más bien era un árbol de piedra, cuyos frutos eran unas oxidadas anclas suspendidas apenas mecidas por el viento y en la cúspide había un barco muerto soportado por una de las ramas, como mano que alza una copa.  Utilizando los espartillos para camuflarse, nadaron despacito hasta dentro de la fortaleza, pasando sin problemas por el portón de madera  abierto de  par en par; un fluido eléctrico les correteaba helado por la medula, al sentir que se habían metido en las fauces abiertas de algún coloso degollado. Al inicio de la fortaleza había un muelle casi mal hecho, donde lanchas pesqueras flotaban dócilmente en el agua empozada. Solo hasta ese momento Link pudo comprobar que realmente se podía habitar en esa condenada ínsula, al ver algunos Moblins guardando distraídamente redes y utensilios de pesca. Teniendo cuidado de no agitar demasiado el agua los intrusos salieron y se escondieron entre las amontonada cajas y barriles, luego Akela saco un catalejo y examino los alrededores, luego con un ademan le indico a su compañero que le siguiera.
La tul nocturna había envuelto ya hasta el más ínfimo rincón, volviendo a Forsaken atrapante y peligrosa tanto que el más mínimo error podía costarles caro a ambos, Link y Akela caminaban casi de puntillas, escondiéndose en las paredes y esquinas para evitar ser descubiertos por los Moblins que se paseaban perezosamente por doquier. Entonces llego el momento de cambiar se sección obligándolos a salir, sin embargo afuera no significaba seguridad; antes de entrar Link noto unas cornetas que sobresalían de la fortaleza, mas no les había dado importancia hasta ahora, las tales cornetas eran proyectores de luz comandados por Bokoblins desde altas torres, asemejando lunas caídas rastreadoras de cualquier actividad sospechosa, de nuevo Link y Akela a paso cauteloso las evadieron y entraron a otra sección.
Ese nuevo sector era más lúgubre con vestigios de olvido, más polvosa y con hedor a podredumbre, pero más fue el desagrado al ver la cantidad de celdas, algunas guardaban esqueletos marchitos y roedores chillones. Tenía amplios pasillos, pobre iluminación y cero guardias, era inquietante como si su propósito no era solamente aprisionar el cuerpo si no también el espíritu.  
- Son demasiadas - comento Link con indignación.
- La bruja no fue la única que paso por aquí – contesto Akela del mismo modo.
La marcha continuo hasta llegar a una sub división del mismo recinto, ya no había celdas si no pequeñas jaulas colgadas semejantes a faroles con el corazón extinguido, pero más allá había una que brillaba tenuemente; asombrados y curiosos Link y Akela se acercaron, enmudeciendo en seguida cuando descubrieron la causa de aquel destellar.
- No puede ser, es… es… –Exclamo Link.
-  Un hada – completo Akela.
Al escuchar esas voces, la pequeña criatura quien se encontraba durmiendo, exclamo asustada al verlos.
- ¡Shhhh…! – Callaron impulsivamente Link y Akela al mismo tiempo, creando un breve escándalo y una atmosfera graciosa.
La pequeña sílfide restregó sus ojos para cerciorarse que no estaba soñando, se recuperó del susto  y hablo finalmente:
- Ustedes no son de por aquí ¿Han venido a liberarme?
En silencio Link y Akela se consultaron mutuamente la manera de responderle lo menos desesperanzadoramente posible, ya que su objetivo era otro; al final fue Akela quien se lo hizo ver.
- Por favor – Suplico entre lágrimas -libérenme, mi último compañero murió hace un mes y he quedado sola en este infierno, prometo guiarlos de aquí en adelante.
Akela no pudo evitar sonreír, agradeciendo internamente a las diosas por su suerte, puesto que ya no era necesario de viajar a la otra isla, Link entono su garganta para atraer la atención de la nereida.
- No te preocupes pequeña te sacaremos.
- Muchas gracias, en la siguiente sección más hay una llave…
- ¿Quién necesita llaves? – interrumpió Link giñando el ojo con picardía mientras sacaba de su sayo un ganchito, lo introdujo en la cerradura y con hábiles movimientos logro zafar el candado. Basto una pequeña abertura para que la hada saliera disparada y una vez fuera empezó a revolotear emocionada por su libertad, provocando que Link y Akela se arrepintieran de su buena acción al mismo tiempo que intentaban atraparla.
- No se preocupen, nadie vendrá aquí por un par de días, después de todo fuera de las ratas soy la única criatura viviente.
Sus despreocupadas palabras no mermo el arrepentimiento de la pareja, al contrario aumentaron al ver su inquieto comportamiento, incluso pensaron que su compañía podía causarles más de algún problema.
- Muy bien – Dijo con entusiasmo – Prometí ayudarles pero deben decirme que es lo que buscan.
Link, saco de uno de sus bolsillos un broche lapislázuli y la coloco en la palma de su mano para que la hada la apreciase, embelesada la pequeña criatura se clavó en el objeto por varios segundos, provocando extrañeza en sus rescatistas por su repentino actuar reflexivo.
- Este prendedor – Informo Link con la intención de sacarla del trance - pertenece a una hechicera, fue ella quien me envió, buscamos un libro de hechizos y una tal llave de Zakrom, me dijo que esta joya reaccionaria al estar cerca de los objetos.
La sílfide oyó la explicación, pero no comento al respecto, (más bien no quiso), en su lugar reitero su compromiso de ayudarles en la medida posible. De inmediato Link y Akela notaron cierta reticencia, como si ocultase algo, pero no era el momento ni el lugar para interrogatorios.
Con la ayuda de su nueva aliada pudieron escabullirse con más facilidad, según sus propias palabras, su experiencia se debía a los contados momentos que veía el exterior, memorizaba cada rincón con la esperanza de saber adónde ir si algún día lograba escapar. Y después  de tanto sigiloso caminar, salieron  de la tercera sección y se encontraron con una cuesta que subía en espiral.
- Es muy probable que tengan vigilada la puerta – comento la nereida.
A partir de allí el viento cambio, se volvió más frio y un tanto agresivo, quizá producto de la latitud, los intrusos tuvieron que cubrir sus rostros para evitar que el polvo arrastrado les molestase, la hada por su parte se escondió en el sayo de Link para evitar ser dominada por la ráfaga. El ventarrón fue un obstáculo que no habían tomado en consideración sintiendo que a cada paso se acercaran al cielo mismo en lugar de una bóveda. Largos quince minutos pasaron así hasta que se toparon con un macizo portón de madera, resguardado por dos somnolientos Moblins.
- No hay donde escondernos – Susurro Link.
- Parece que tendremos que hacer esto de la manera difícil.
A sabiendas que la única manera de ingresar al barco muerto era deshaciéndose de los guardias, Akela le pidió a la sílfide si podía atraerlos a donde ellos se encontraban, temerosa la pequeña abrió de par en par sus pupilas preguntándose si era una estrategia viable, Akela utilizando su suavizado timbre de vos la convenció, asegurándole que ellos se encargarían de lo demás. Con una honda respiración, la hada se armó de valor y revoloteo frente a los adormitados guardias, que al no más verla corrieron tras ella.
- Atrápenme si pueden, corran, corran.
Al llegar a la esquina de la empinada se escucharon quejas de dolor y estrellar de puños, a los pocos segundos Link y sus acompañantes salieron de su escondite con una sonrisa triunfal adornándoles la fas. Una vez despejado el camino abrieron el pesado zaguán e ingresaron, subieron otras espirales escalones antes de llegar a la cúspide y encontrar la puerta cerrada con llave.
- Bien Link haz tu magia. Dijo Akela sonriendo.
Link volvió a recurrir al gancho para forzar la cerradura, lográndolo abrir la puerta al poco tiempo, la hada sintió un chispazo de desconfianza al ver la habilidad con la que Link sutilmente desbloqueaba las cerraduras, diciéndose a sí misma: “estos tipos han de ser ladrones de profesión”. Una vez adentro el trio quedo anonadado, la cámara era solitaria pero no tenebrosa, guardaba muchas cosas pero no desordenadamente, era un estudio y una bodega al mismo tiempo y en el piso superior había una enorme catapulta apuntando al firmamento, mientras el trio inspeccionaba la cámara, el fuerte ventarrón empujo una de las masas de madera, rodo cuesta abajo y cayó hasta uno de los niveles inferiores, cayéndole en la cabeza a uno de los Bokoblins que por allí pasaban.
El trio continuo ensimismado en su búsqueda hasta que tanto Akela encontró algo que lo dejo sin palabras, en uno de los muros colgaba una bandera con el símbolo de su anterior tribu, rasgada, polvosa, manchada de sangre coagulada, pero lo más llamativo fue ver algunas armas colgadas y unas plumas azules y rojas perteneciente a una rara ave conocida como Pelicaro, colores que suelen llevar las máximas autoridades.
- Akela.
Atrapado en un torbellino de emociones y dudas Akela no respondió al llamado de su amigo.
- Akela.
Llamo Link por segunda vez, volteando su mirada al no tener respuesta; impaciente la pequeña nereida se colocó frente a él, instándolo a aterrizar su mente, la luminiscencia de la hada logro hacerle reaccionar, luego llevo sus dedos pulgar e índice a sus ojos, al mismo tiempo que se disculpaba por haberse dejado perder de esa forma.
Levemente confundido Link, miro donde Akela veía, comprendiendo en seguida (o al menos eso pensó) el porqué de su abstracción, incauto de que su suposición era parcialmente inexacta, ya que más que asombro eran dudas las invasoras de su mente. Entonces volviendo a la realidad, Akela pregunto si ya había encontrado el libro, enseguida Link le mostro un libro, forrado con una antaña pasta color marrón, detalladamente adornada de platino y en su interior había un compartimiento donde guardaba una llave color blanco y negro, pero he aquí lo extraño de este texto, sus páginas eran de amarillenta tonalidad, antiguas, pero ninguna letra había gravada en ellas.
- ¿Estás seguro que es ese? – Cuestiono Akela con asombro.
- No cabe duda, he repasado la joya en todos los textos que hay aquí y es lo único que logra hacer reaccionar la joya.
- Esta bien Link, espero que sea lo que buscas, ahora busquemos el túnel y...
- Creo que no habrá tiempo de bajar – interrumpió la hada con aflicción al ver desde la cerradura varios Moblins y Bokoblins que se acercaban amenazadoramente.
- ¡Demonios!  Tendremos que pelear.
- ¡Estás loco! – Exclamo la sílfide – Son demasiados ¿creen que podrán con ellos?
- La violencia no siempre es la mejor opción – Escucharon desde la planta alta.
- ¿Akela que estás haciendo? – Pregunto Link sin comprender la calmada actitud de Akela.
- Preparando nuestro escape.- Contesto Akela mientras amarraba el pesado timón de la catapulta.
El frenético golpe de la puerta hizo que Link y la hada subieran hasta donde se encontraba su compañero, Akela les dijo que se sentaran en el plato hondo; un segundo estruendo se escuchó desde afuera, haciendo que Akela se apresurara en acomodarse en el plato, luego saco una daga Kunai y frotando vigorosamente, la tensa cuerda empezó a romperse.
- ¿Oigan están seguros de esto? ¿A dónde vamos a….?
La pregunta del hada no fue completada, ya que al no más sucumbir la cuerda, el timón giro violentamente y catapulto al trio por los aires;  el tercer intento del ejército derribo la puerta, pero fue demasiado tarde, ya que los intrusos se habían marchado ya, o mejor dicho volado ya.


- Link… Link, despierta muchacho.
La lejana voz hizo y el calor mañanero que poco a poco el joven reaccionara, la cabeza le daba vueltas haciendo difícil el correcto enfoque de su vista, sentía el cuerpo adolorido y no podía ponerse de pie.
- ¿Qué paso?
- Bueno después de haber salido volando, caímos en unos árboles que amortiguaron nuestra caída.
- ¿Qué paso con el libro? ¿Y la pequeña hada?.
- El libro lo tengo yo y el hada se quedó dormida el estrés del día anterior debió ser mucho para ella, no sin antes indicarnos una ruta alterna.
Haciendo acopio de su fuerza de voluntad Link intento levantarse de prisa, pero su cuerpo protesto adolorido, entorpeciendo enormemente su motricidad.
- La buena noticia es que “el vuelo” acorto gran parte del camino de regreso y con las indicaciones del hada estaremos en la bahía al atardecer.
Link se arrojó al pastizal con los brazos abiertos riendo a carcajadas, pensando en la suerte y/o bendición que ellos tenían al salir bien o relativamente bien librados de casi de cualquier situación. Akela por su parte lo dejo desahogarse, ya que era demasiada emoción para ser reprimida.
Llegaron a la pradera en la tarde, allí donde los renegridos guardianes permanecían defensivos y silenciosos, los aventureros repitieron el anterior procedimiento para poder pasar sin problemas y al anochecer llegaron a la barca de Daviar; sin perder ni el más valioso segundo Akela se encargó de sacar a la tripulación de esa isla maldita, ayudado por la bravía correntada que a diferencia de su llegada evitaba su llegada, esta vez apresuraba su salida.
La sílfide despertó cuando la noche estaba ya muy alta y los minúsculos astros brillaban a su máximo esplendor, confundida y asombrada la criaturilla trato de ubicar su localización.
- Finalmente haz despertado – Hablo Akela con brillante sonrisa iluminando sus facciones.
Recobrando poco a poco su conciencia pregunto dónde se encontraban, con suma paciencia Akela explico lo sucedido.
- Entiendo ¿Y a todo esto donde esta Link?
El aludido apareció frente a la hada, provocando sorpresa y un dejo de miedo en la hada.
- ¿Link?
Link confirmo su identidad asintiendo, clavando sus entristecidas pupilas en los ojos del hada, conmovida e incrédula por lo que tenía enfrente, sin saber que decir y cómo actuar, volvió su mirada al capitán, buscando una respuesta, el actual capitán explico (no sin antes pedirle permiso a Link) brevemente la situación y el supuesto rol que jugaba el texto en la rotura de aquel mal, entonces y solo hasta ese momento logro comprender los motivos que empujaron a ese par a arriesgarse de tal forma.
Pronto los amargos momentos se relegaron a un momentáneo olvido, el viaje de regreso se volvió muy ameno, más aun que había una nueva tripulante, quien se presentó como Ciela. Los alegres días viajeros volvieron, el disfrute del sol y la nocturnidad marítima también, pese al bloqueo que el hada poseía, ya que fuera de su nombre y la experiencia de su captura, no recordaba más nada.
Y llego el día en que el puerto de Mercay podía divisarse sin problema alguno, anunciando que el periplo estaba a punto de concluir, los marinos escondieron la embarcación donde la encontraron e inmediatamente avisaron al anciano de su regreso, curioso y entusiasmado Daviar quiso saber de sus aventuras, mas era un viaje que no deseaban recordar, así que se limitaron a resumir algunas cosas, finalizando con un “fue un viaje sin precedentes”.
Era pleno atardecer bañado en tonalidades doradas cuando dejaron atrás el humildito puerto de Mercay, entonces con un suspiro Link dijo.
- Bueno ya es hora de regresar a la montaña del dragón.
- No, ve, y  entrega encargo, yo regresare a la montaña.
- ¿Dejaras que se valla? – Interrogo Ceila con tristeza.
- Link tiene mucha prisa, ya hablamos de eso pequeña.
- Akela – fue lo único que pudo pronunciar el joven.
- Tranquilo, ya ambos tenemos lo que queríamos.
- Y tu Ceila ¿qué harás después de ayudar Akela?
Suspirando y mirando el horizonte respondió: - no lo sé, quizá buscar alguno de mi especie o quizá buscar la manera de recobrar mi memoria.
Enternecida por las palabras Ceila Link le deseo la mejor de las suertes; en cuanto a Akela dejándose llevar por el sentimiento de agradecimiento, estrecho su mano, le abrazo como un niño abraza a un ser querido, sin dejar de agradecerle.
- Esta bien muchacho, ojala que todo te salga bien y cuando nos veamos de nuevo estés libre de esa maldición.
Finalizadas las despedidas cada quien tomo por su lado y cuando Link se perdió de vista, Akela sonrió con melancolía al comparar la edad de Link con su antiguo pupilo y al pensar en lo mucho que había sufrido.


La noche había caído ya, friolenta y pasiva, mas Akela estaba pensativo y la luminosidad de fogata no hacía más que acentuar su inquietud, observaba una cadena unida a una hoz que había robado sin que Link se diera cuenta, su actitud reflexiva había contagiado sin querer a su nueva compañía, quien no dejaba de preguntarse que tenía esa arma de especial para perturbarlo tanto. De repente la tranquilidad se quebró por el crujir de una rama.
- Ceila ocúltate – Comando en voz baja mientras llevaba su mano a su espada.
Desde las penumbras un alguien se acercaba a Akela por la espalda, entonces al sentir la presencia del intruso, a velocidad de rayo Akela desenvaino, el filo de su espada se encontró con otra.
- Estas muy nervioso Akela.
De un brinco Akela se alejó al reconocer esa voz femenina tan llena de carácter, envaino su espada y seriamente pronuncio el nombre de su visitante.
- Salma.

Capítulo 8: La bruja y los moradores del cielo.



Con secuelas de niebla y humedad había amanecido, por causa del chaparrón que había azotado la noche anterior y en cada arboleda las aves cantaban, agradeciendo aquella bendición. Una sinfonía acompañaba esos cantares, una que parecía hacer un bellísimo dueto con la alegría ambiental,  Zelda era la autora y la lira su instrumento, sentada en un tronco muerto se deleitaba con cada nota que ella misma componía con delicadeza y destreza.
Y allá en la distancia, los ramales se estremecían, las hojas liberaban aquellas prisioneras gotas de roció, todo porque se acercaba un merodeador. Cauteloso pero deprisa avanzo aquel extraño, hasta detenerse en unos arbustos a observar a la musa, luego saco una daga, aferro una cadena, dispuesto a atacar, entonces la joven sin detener su sinfonía hablo entre delicadas sonrisas.
- Eres muy ruidoso Fao.
Avergonzado por haber sido descubierto, el merodeador de un salto salió de su escondite, se acercó a la joven y exclamo.
- ¿Qué dices? Mis habilidades sigilosas son excelentes ¡no te rías!
-  Lo sé, pero a mí no puedes engañarme.
- Eso es porque tienes ese maravilloso, súper sensible oído, ¡no es justo! - Se quejó el joven Sheikah.
Sin dejar de reírse Zelda intento calmar el bochorno de su compañero, luego ambos se sentaron en el tronco e iniciaron otros temas de conversación.
- ¿Entonces lo conseguiste? – Pregunto Fao.
En seguida Zelda saco de su bolsillo una caja delicadamente envuelta, lo destapo y le mostro el contenido, Fao repaso un par de veces sus rojizas pupilas sobre el objeto, como queriendo encontrarle una utilidad inmediata, entonces suspiro con fastidio y pregunto del mismo modo.
- ¿Un cristal negro? ¿Esta porquería es el susodicho talismán? – luego rasco su alborotada cabellera y agrego – En fin… debemos llevar esta cosa con la bruja para que ella haga lo que sea que tenga que hacer.
- ¿Qué dices? ¿Entonces iremos…?
- Así es, por eso he venido, para guiarte y asegurarme que todo salga bien.
Zelda frunció el ceño y suspiro con desagrado al enterarse de las nuevas disposiciones.
- Sé que la bruja no es de tu santa devoción, pero debes comprender que es imposible refutar, además no te preocupes, no permitiré que te falte al respeto.
Con un ademan afirmativo Zelda reprimió su incomodidad, se dejó guiar por su compañero y juntos emprendieron el nuevo viaje.
Mientras marchaban, el campo parecía humear debido a las hileras de sol que evaporaban la humedad rezagada, en todo ese tiempo Fao no desaprovecho la oportunidad para platicarle a su compañera alguna pasada, adicional a su oficio, Zelda se limitaba a escucharlo y sonreír cuando algún comentario gracioso salía a relucir, al finalizar Fao le pregunto si le había sucedido algo interesante, Zelda respondió que no había pasado nada extraordinario, sin embargo estaba mintiendo, su memoria trajo de manera espontánea los breves momentos que vivió con aquel tímido muchacho, muy a pesar de que su invitación de tomar él te fue más por espiar sus intenciones, que por mera cordialidad, entonces… ¿los Sheikahs siempre estaban obligados a desconfiar y actuar con doble intención? se preguntó entre dientes.
- ¿Disculpa? - Interrogo el guerrero de las sombras mientras depositaba su mirada en ella.
- No me hagas caso – se apresuró a contestar con bochorno por haberse dejado escuchar.
- ¿Tienes algo que compartir con tu querido hermano? – cuestiono inquisitivamente con la evidente intención de sacarle lo que calladamente guardaba.
A sabiendas de que Fao no se conformaría con un “nada” como respuesta, reitero la pregunta, además de que ella misma  deseaba conocer su opinión.
-  ¿A qué viene eso? ¡Claro que si! – Contesto sin ningún rodeo – nuestra profesión nos rodea de enemigos, que no desaprovecharían la oportunidad de acabar con nosotros si nos descuidáramos, eso ya deberías saberlo.
Aunque la respuesta era más que obvia, a Zelda no le gustaba admitirlo en su raciocinio, pese a que esa ennegrecida rutina de espionaje y asesinato se había repetido una y otra vez.  Entonces obligadamente conforme con la respuesta, decidió no cuestionar más su rol, sin embargo hubo algo que  no pudo disipar prontamente: el vacío de no haberse despedido de aquel muchacho.


Habían pasado los días de andar y andar ¿Cuántos habían sido? ¿Cuántas noches se había gastado en reponer fuerzas? La cuenta se había perdido entre la distancia, el cansancio y un tanto de ansiedad.  Link seguía rutas y objetivos análogos a los de  jóvenes Sheikahs, ellos buscaban una hechicera, el simplemente un consejero, que se encontraba (según las indicaciones del sabio Kaepora) en la montaña del dragón.
Diversidad de rumores rodeaban la montaña del dragón, resaltando su peligrosidad por sus gélidos senderos y por el comportamiento territorial de los Ornis, seres que compartían características tanto humanas como de aves. Según los lugareños se asentaron allí, después de haber logrado huir de las guerras,  desde entonces solian ser desconfiados y hostiles con los extraños, entonces… ¿Qué estaría haciendo Akela allí? , sea lo que sea era imperioso encontrarle.
Link se vio obligado a dejar a su fiel Epona en uno de los ranchos del pueblo, ya que el alevoso territorio no era apto para un caballo. Entonces Link emprendió su travesía, soportando el frio viento montañoso y su forzado intercalo de humano-bestia, pero en una de esas noches Link quedó prendido en la belleza sideral; una espontánea remembranza se cruzó por su mente, Zelda era el nombre de aquel recuerdo, un nombre que la llenaba de admiración por su independencia a pesar de su invidencia y al final de todo aquello se dijo.
- Que lastima que no alcance a despedirme de ella.
Al amanecer Link despertó arisco, al sentir varias presencias merodeando desde las alturas, Link se encontraba oculto en las fauces de una cueva, indeciso si salir abiertamente o seguir marchando solapadamente; Kaepora le había comentado que a pesar de que los Ornis eran muy celosos con su territorio, lo cierto es que eran amantes de la tranquilidad.
- Si continuo escondiéndome pensaran que he venido con malas intenciones.
Entonces decidió arriesgar, salió de la cueva y adrede se dejó encontrar, no paso demasiado para que uno de ellos localizara al intruso, llamara a sus compañeros y rodearan al joven. Afortunadamente Link sabia como manejar la situación, se quitó la espada que descansaba en su espalda y se las ofreció a los patrulleros con toda y funda, un ritual arriesgado, pero necesario para poner en evidencia sus pacificas intenciones.
Cuatro eran los Ornis que allí se encontraban, sorprendidos por el conocimiento que el poseía de sus costumbres y su sosegada disposición; aun así la prudencia no debía ser obviada.
- ¿Quién eres y a que has venido? – Interrogo uno de ellos, quizá el líder del grupo.
- Mi nombre es Link y he venido en busca de un amigo.
- ¿Quién es ese al que buscas? – volvió a preguntar.
- Su nombre es Akela y tengo entendido que se encuentra por los alrededores.
Hubo un breve silencio y un cruce de miradas inquisidoras, antes de que el líder volviera a dirigirse a Link.
- ¿Traes magia contigo? – Pregunto.
Link no entendió la pregunta.
- ¿Qué si traes algún objeto mágico o practicas algún tipo de hechicería? – Reitero con brusquedad.
- Ignoro las artes mágicas mi buen señor, solo soy un guerrero errante que busca el sabio consejo de un amigo.
Gracias a su educado y fluido lenguaje y una requisa de sus pertenencias Link pudo continuar, pero bajo la desconfiada mirada de los guardianes y una extraña advertencia, que decía que si estaba mintiendo el mismo territorio se encargaría de revelar la mentira.
Link se adentraba más y más al hogar de los Ornis, pero a cada paso se sentía más incómodo, se mareaba por momentos y sentía como una invisible energía, punzándole cada parte de su cuerpo, al llegar al portón principal, los síntomas eran cada vez más insoportables, tanto que no lo pudo ocultar, de repente todo se volvió oscuro, un golpe en la nuca, le apago la conciencia.
Incontables horas habían pasado y Link estaba recluido en una celda, despertó confundido, debilitado no solo por el dolor del golpe, si no por algo que había en la zona, algo que no sabía que era, poco después los barrotes resonaron, uno de esos seres entro al reclusorio y  se detuvo frente a la celda del joven;  vestía con una túnica larga color purpura,  su piel era oscura y su mirar expresaba una personalidad severa. Hubo un breve cruce de miradas entre Link y aquel Orni antes de que el dijera estas palabras.
-  Comprobaremos si es verdad lo que dices, si es así, se te liberara, si no prepárate a recibir tu castigo.
Link no tuvo fuerzas para contestar, el entorno era demasiado pesado para él, poco después más Ornis aparecieron, abrieron la celda y lo sacaron de allí. La escolta condujo al prisionero por abiertos pasillos. Pese a su estado Link observaba con admiración la hermosa decoración y los tótems finamente tallados, pero aquella apreciación turística se interrumpió bruscamente cuando a fuerza de vuelo, lo llevaron a una habitación que no era más que una cueva creativamente arreglada, una vez dentro obligaron a Link a arrodillarse y mantener la mirada hacia el suelo.
- Veamos si es cierto lo que dices – dijo el severo Orni.
A los pocos minutos Link escucho que alguien entro, alguien que no le permitieron mirar, largos minutos sucedieron antes de que el recién llegado, hablara y se colocara frente al prisionero, Link se alegró a mas no poder al reconocer al recién llegado.
- Entonces es cierto, tú conoces a este joven.
- Si Odli le conozco es un buen amigo mío, por favor te pido que lo liberes.
Con un autoritario gesto Odli ordeno a sus camaradas liberar al joven y colocarle un collar que tenía tallado el rostro de un dragón, una vez colocada aquella reliquia las molestias que Link sentía se esfumaron.
- Akela, confió plenamente en ti, pero el patriarca se ha enterado de lo sucedido y debo informarle.
Akela no se opuso, enseguida el prisionero fue llevado ante la presencia del monarca; si bien Link sabía que Akela no permitiría que algo le pasara, no dejaba de estar un tanto nervioso, algo muy normal dadas las toscas circunstancias a las que había sido sometido.
Llegaron ante la presencia del eminente y fue Odli quien explico lo sucedido, después se le cedió la palabra a Akela y Link estaba callado obligadamente confiado esperando un veredicto.  Cuando ambos finalizaron, el patriarca se levantó de su trono, coloco la palma de su mano en la frente del joven, se mantuvo en esa posición no más de un par de minutos, luego volvió su mirada a los presentes y dijo.
- Es cierto lo que dices, una extraña esencia rodea a este joven, indefinida, pero he decidido confiar en tus palabras Akela, tu amigo será liberado pero estará bajo tu responsabilidad.
Akela asintió comprometido, luego el patriarca dio la orden de liberar a Link y que se le explicara el porqué de todo lo sucedido. Link suspiro aliviado, hizo una breve reverencia y acompañado de su amigo salió de la presencia de los Ornis. Akela se llevó a Link a un observatorio para explicar el porqué de tanto barullo.
- Lamento que hayas tenido que pasar todo esto, pero este territorio está protegido por un campo que hace difícil la estadía de hechiceros.
- Yo no soy practicante de esas artes – Reclamo Link confundido y resentido.
- Quizá tu maldición hizo que el campo reaccionara, tuve que mentir diciendo que tenías secuelas de un embrujo.
Link sintió un chispazo de remordimiento, ya que su presencia había forzado a su amigo a mentir.
- No te preocupes por eso, más bien dime que necesitas de mí, si estás aquí significa que Kaepora te dijo dónde encontrarme, más aun no te has librado de tu mal ¿estoy en lo correcto?
Link confirmo su teoría, luego le explico lo sucedido con la información que le había proporcionado y del osado favor que la bruja le había encomendado, la reacción de Akela no se hizo esperar, abrió los ojos de par en par y exclamo el nombre de las divinidades, después de eso no hubo más que silencio. Link comprendió su reacción, después de todo aventurarse a Forsaken era el equivalente a arrojarse a una jauría de leones.
- Link, no puedo darte un consejo, para que vayas a una aventura tan peligrosa - Dijo Akela con suavidad. - Es por eso que iré contigo.
- Akela…
- Es mejor que te guie personalmente, lo único que voy a pedirte es paciencia y un poco de asistencia.
- ¿Asistencia?
- Si, Odli me pidió ayuda para romper la barrera de un hechizo que aqueja al hijo del patriarca y a la mitad de la población, están hundidos en un profundo sueño,  es por eso que los Ornis son muy cautelosos con la magia,  según tengo entendido fue un castigo impuesto por una bruja.
- Entiendo – Dijo Link.
-  Se lo que tengo que hacer pero necesito un poco de ayuda ¿aceptas?
Comprometido y agradecido Link estrecho la mano de su gran amigo.
Al anochecer Link estaba recluido en una recamara que se le había cedido, echado en la cama, levanto la cabeza al sentir las ondulaciones del viento colarse en la ventana,  acariciando su negro pelaje y las vio, brillando en la bóveda oscura,  las estrellas estaban tan lejos, pero a su vez tan cerca, quizá la altura provocaba tal ilusión, en ese momento Link se sentía agradecido y tranquilo ya que en este periplo no estaría solo.


Lejos, lejos de las latitudes y del ilusionado muchacho, otros viajeros llegaban a su destino. Estaba refundido entre sombras de miedo, ramificaciones verdes oscuras y (en esa ocasión) una neblina tal cual extenso fantasma, una puerta de madera se interponía en el paso de los misioneros, Fao aferro su mano a un anillo de bronce que allí colgaba, tres veces llamo a la puerta. Como por arte de magia la puerta se abrió de par en par, permitiendo el paso de los Sheikahs, pronto se encontraron en el corredor de un palacio, mas esta lujosa estructura tenía algo, algo incómodo, Zelda apretó el hombro de su compañero, el se volvió a ella y pregunto.
- ¿Tienes miedo?
- No – Contesto la joven mientras respiraba hondamente.
De pronto, un agujero morado apareció en el suelo, de allí salió un ser, vestido con una capucha y  túnicas del mismo color que el agujero, adornado con variedad de joyas, pero en donde debería estar el rostro, un ojo carmesí relucía en un vacío de oscuridad. Al no más estar cara a cara con los Sheikahs se inclinó con reverencia y los condujo al interior de la fortaleza, al llegar al salón principal, cortésmente les pidió que esperaran, entonces desapareció y apareció frente al salón del trono.
- Mi señora los Sheikahs han llegado.
Entrometidos pilares de luz de luna encubrían la identidad de la soberana, quien al escuchar la noticia dejo de agitar una copa de vino, sonrió con malicia y se dispuso a recibir a los invitados.
Minutos después Zelda volvió a presionar el hombro de su hermano, al escuchar ese imperdible taconear ladino acercarse más y más. Y se presentó una mujer de cabello blanco cuidadosamente recortado, con ese vestir tan atrevido y esos ojos purpuras, que expresaba una hibridez entre astucia y coquetería.
- Bienvenidos guerreros de las sombras, espero que traigan buenas noticias - Expreso aquella mujer con amarga amabilidad.
La era del caos

Que revoltijo de sagas estoy haciendo Dios mío, xD estoy metiendo Wind waker, Twiligth Princess, Hyrule Wariors, Link to the past y seguire metiendo mas  xD ajajajajajajaja….

Bueno… nueva personaje revelada. Ok. Señores señoritas, antes de que sus mentes empiecen a maquinar teorías y me digan Ahhh… ya se para dónde vas, ¡tranquilos! No se dejen llevar por las apariencias, apenas vamos por el capítulo 8, no he dicho muchas cosas de la trama principal y esto va para largo ademas hay cosas que vamos a cambiar ligeramente, en su momento lo sabrán.

Nota para AngelJasiel: estoy segura que te encantara ver quien ha aparecido.

Prologo
Capitulo 1
Capitulo 2
Oscuridad
Capitulo 3
Capitulo 4
Capitulo 5
Aunque la sangre no nos una
Capitulo 6
Capitulo 7
La esencia de un amor que no existe
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La esencia de un amor que no existe.



Perdida me encuentro en la bruma del ayer, dividida por causa suya.
Lo recuerdo y no lo recuerdo...

Los vientos que murmuran los relatos de antaño, despertó la curiosidad, continúo con el deseo y termino con el miedo,  miedo que aquellos sentires interfiriera con sus responsabilidades, pero ¿Quién puede atar al corazón que inevitablemente ama? ¡Nadie puede! ¡Date cuenta de una maldita vez!

Lo recuerdo y no lo recuerdo…
Cuando en un intento de reparar el daño, derrumbo los pilares de la memoria, separando así los caminos. ¡Ilusa! Al hacer eso sellaste tu destino, al condenarte a una existencia simbiótica.
Pero sabe esto, entre los escombros de mi mente, aún conservo esa esencia que se muestra como un burlesco fantasma, de ese a quien quiero, ese a quien tendré.

Extraviada me encuentro en la bruma del ayer, entre el recuerdo y la amnesia por causa suya, amarrada a una dependencia que enferma, persiguiendo una libertad y una esencia de un amor que no existe.

Capítulo 7: Un después y un ahora.


Apartado y ocupado Akela se hallaba en el estudio de la capitana, su mente se dividía entre la redacción de sus quehaceres y las preguntas, preguntas que giraban en torno a su compañera a quien extrañaba; no porque necesitase ayuda para manejar los asuntos de la aldea, más bien eran otros motivos ajenos al deber, motivos que se esforzaba en esconder. Afortunadamente un inesperado repicar  y el anuncio de su regreso puso fin a su espera, dejo reposar la pluma en el tintero e inmediatamente salió a recibirle.
Impa y la escolta se encontraban conversando cuando Akela llego; rápidamente los ojos de capitana y lugarteniente se encontraron, regocijándose disimuladamente por volverse a ver. Un prolongado bostezo saco a la pareja de su sincrónica hipnosis; Akela estaba tan pasmado viendo a la capitana que no había notado la presencia de la bebe, pero antes de pronunciar alguna palabra, Impa despacho a su tropa y se llevó al comandante a su oficina; una vez allí Akela espero una explicación, Impa necesito varios respiros antes de comenzar su relato, le explico su llegada,  su experiencia, de como aquella mujer gasto sus últimos minutos suplicándole una oportunidad de vida para su pequeña; semejante experiencia mantuvo a su lugarteniente mudo e incrédulo hasta Impa termino, Luego con un dejo de atrevimiento y escepticismo Akela pregunto si estaba segura de asumir tal responsabilidad .
- ¡Akela! ¿Acaso no me estas escuchando? – Bramo con toda seguridad - Esa mujer me reconoció como Sheikah desde el primer momento, le di mi palabra, así que la decisión ya está tomada, será tratada, educada y entrenada como uno de nosotros.
Impa estaba más que decidida a cumplir su palabra, sin embargo detrás de su palabrerío honorifico, un sentimiento nuevo había despertado en ella, sentimiento que Akela empezó a comprender al posar sus ojos en tan inocente criaturita, entonces la conversación finalizo como siempre, poniendo sus manos en el hombro de la capitana y reiterando su apoyo.
La llegada de la pequeña supuso un antes y un después en la vida de la capitana quien se vio obligada a dividirse entre Zelda y sus responsabilidades militares, no obstante esto no supuso ninguna disminución en su gestión como líder de la aldea; era difícil, pero hermoso al fin y al cabo, sin mencionar que su comandante conscientemente se dejó arrastrar por esta nueva experiencia. Sin embargo al pasar los días Impa noto ciertas irregularidades en la pequeña, una nula reacción al movimiento y una decoloración en sus ojos, angustiada, hizo llamar al médico de la aldea, quien al no más hacer acto de presencia hizo varias pruebas; al finalizar, con una decaída expresión revelo un desgarrador diagnóstico, la pequeña estaba totalmente ciega.
Cerrando los ojos y apretando sus puños la capitana exteriorizo toda su tristeza, entonces deseosa de escuchar algún signo de esperanza pregunto si existía alguna cura para su mal, más el médico le dijo que debido a la misteriosa naturaleza de su ceguera nada podía hacerse.
Cuando el doctor se retiró, el silencio reino, Akela quien estuvo presente, observaba como su compañera luchaba por asimilar la noticia, noticia que también resentía, luego Impa dejó escapar una leve risita, tratando de enmascarar su pena,  se dio la vuelta para evitar la incómoda mirada compasiva de su amigo, detestaba que la vieran así.
- Es increíble, Zelda no es mi hija… yo no debería…
- ¡Basta! – Interrumpió súbitamente, luego abrazo a la capitana y entre susurros le aseguro que no importaba los desafíos que viniesen, que todo estaría bien.
En ese momento el sendero pintaba negro e imposible de recorrer, no obstante hay un dicho popular que profesa que a la falta de un sentido, los cuatro restantes se desarrollan, noción que se descubrió tiempo después.  Impa se encontraba en su despacho, cuando un estruendo la distrajo súbitamente, miro por la ventana y vio que no muy lejos de allí unos bueyes habían destruido unos cuantos corrales, con un suspiro de fastidio la capitana volvió a sus labores no sin antes mirar tristemente a Zelda quien jugaba felizmente. A los pocos minutos una gallina se coló por la ventana, revoloteando y picoteando a cada rincón.; enfadada por semejante distracción, se dispuso  atrapar a la patosa ave, sin embargo se contuvo al observar con suma atención, lo que ella interpreto como un milagro, el cacareo y el aleteo del ave habían llamado la atención de la niña quien con sus tambaleantes pasos seguía al inquieto plumífero como si de verdad lo estuviera viendo, entonces Impa sonrió, levanto a Zelda y le hizo una promesa, a pesar de que ella no tenía edad para interpretarla.
- No dependerás de nadie, más que de ti misma, te enseñare a “ver” con tus oídos; no esperes de mí una suave maestra, al contrario seré muy estricta, así deben ser forjados los Sheikahs.
Se tuvo que esperar algunos años para poner en marcha tal promesa; promesa que serían como las páginas vacías de un libro nuevo, el momento de iniciar con la tradición, que todo aquel nacido y/ o criado en la casta militar debía ser instruido en las artes de la sombras, costumbre que había estado allí desde el inicio de los tiempos.




Cuando el tiempo sobraba, Zelda tenía esa costumbre, de apreciar el atardecer aun si fuera de manera distinta, le gustaba pulir las entorpecidas notas de su lira, mientas sentía la transición de calor a frio, esa que se siente cada vez que el sol se oculta, su cuerpo cansado y a veces adolorido producto de la dureza de su entrenamiento, no le privaba de tales sensaciones.
A veces en esas tardes contadas le acompañaba Fao, pupilo de Akela, un niño juguetón, parlanchín y de buen corazón, con quien entrenaba ocasionalmente, cuando Impa obligadamente se ausentaba para atender otros asuntos, rápidamente Zelda y Fao forjaron un lazo de empatía que evoluciono en hermandad, quizá porque ambos compartían un sentimiento de soledad.
Pero a veces el tiempo escaseaba y las enseñanzas se extendían hasta el anochecer, y no quedaban ganas de nada más que rendirse al sueño; cuando eso ocurría Impa cargaba a su pupila en su espalda y al llegar a casa, la dejaba en su cama; entonces  en medio de la humildad y la tul nocturna, Impa cariñosamente revolvía los cabellos de la niña, mientras la miraba del mismo modo, de esta manera exteriorizaba esos sentimientos que no debía o no podía mostrar en sus faenas, luego le invadía un miedo, el miedo a la verdad que acechaba tal cual depredador, pero independientemente de lo que deparaba la verdad, Impa aprovechaba esos solitarios espacios, para exteriorizar el sentimiento de madre.



Como un virus la delincuencia y conflictos diversos se extendían por todas las provincias de Hyrule, trayendo como consecuencia escases de recursos, obligando a los Sheikahs a viajar para comerciar con las aldeas vecinas,  en ese momento la preparación de Zelda tomo otro rumbo fuera de las paredes de la villa. Cansados y largos eran las cruzadas de maestra y pupila, quienes se adentraban por pueblos desconocidos, solitarios y serpenteantes senderos, polvosos o lodosos dependiendo de la estación o mero capricho de la naturaleza, reponiendo energías cuando el hambre y la tul oscura envolvía la claridad; pero estos viajes escondían ciertas amenazas,  que no eran provocado por ladrones, sino por lenguas entrometidas, que despertaban las dudas y un vehemente deseo de conocer la verdad del origen.
Un día entre tantos,  en medio del intrincado bosque, el sonido de lucha, alborotaba la calma, maestra y alumna estaban practicando sus técnicas de lucha; a pesar de su ceguera Zelda podía luchar tan bien como los demás aprendices, gracias al desarrollo de sus demás sentidos, siendo el oído el más destacado, tanto que le permitía “ver” de un  modo distinto.  
Pero en este encuentro la mente de la joven estaba turbada, incapaz de discriminar entre los fantasmas de sus dudas y su entrenamiento, hasta que finalmente recibió un par de golpes y una patada que le hizo volar y chochar con la dureza del tronco.
- Estas distraída – Expreso con seriedad su maestra al mismo tiempo que se acercaba.
Mareada y respirando agitadamente la joven se disculpó por su falta de atención.
- Cuantas veces tengo que repetírtelo – Regaño Impa – En una batalla real no hay lugar para distracciones ¿acaso crees que tu oponente tendrá piedad de ti porque eres ciega? De nada sirve que tu oído te compense enormemente, si no puedes controlarlo.
Zelda estaba a punto de responder al regaño de su tutora, pero la repentina aparición de Akela se lo impidió, entonces la Sheikah suspendió el entrenamiento y le ordeno volver a la aldea,  sin decir más Zelda dejo a solas a sus tutores.
- A veces eres demasiado estricta.  
- Mira quien lo dice, tú también eres así con tu pupilo.
- Exijo lo que debo, además presiento que algo está perturbándole.
Aunque no lo dijo, Impa considero valida la teoría de su compañero, ya que era algo que también había notado,  luego se reprendió a si misma por no darle la debida importancia, al final prometió que una vez terminara la charla con Akela, hablaría con ella; ignorando que Zelda por primera vez había desobedecido sus órdenes.
Una inusual rebeldía se apodero de Zelda, quien lejos de dirigirse a la aldea tomo un camino alterno que la llevaría a un rio que conectaba a una cascada que estaba a una hora de distancia, en ese momento simplemente quería estar sola, perderse, simplemente perderse. Guiada por el constante golpeteo de su bastón de madera Zelda llego al lugar en cuestión sin problemas, al llegar allí se deleitó con la belleza natural, el coro de las aves, la tibieza climática y un olor a frescura que encantaba, luego se sentó cerca del rio y hundió sus manos en el agua, de repente le entro una cólera.
- ¿Porque no puedo ver cómo la gente normal? ¿Porque tarda tanto en decirme la verdad?
Se preguntaba irascible mientras golpeaba el agua y desesperadamente restregaba sus ojos, pidiéndole a las divinidades, que le devolviera algo que nunca había tenido, luego de la ira vino el llanto y por último el cansancio, que no tardo en derrotarla. Despertó una hora después, asustada  y desubicada, luego recordó su desacato, dejando escapar una risita al pensar en lo que le esperaba.
- Impa ya se ha de haber enterado que no estoy en la aldea, va matarme cuando llegue.
Pero antes de dar el primer paso, Zelda escucho risas y leves movimientos en los arbustos, entonces agarro una piedra y la lanzo, tal maniobra obligo a tres Bulblin a abandonar su escondite y rodear a su presa, el ruido de la cascada dificultaba la localización de los enemigos.
- Concéntrate – Se repetía mientras intentaba leer los pasos de los atacantes.
Uno de ellos tomo la iniciativa y con un torpe movimiento dejo ir su pesado maso sobre ella, Zelda se hizo a un lado y rápidamente azoto su bastón en la espalda de su enemigo, restándole importancia a la caída de su compañero, el siguiente Bulblin dirigió su ataque hacia la cabeza, pero Zelda logro agacharse, enredo el bastón en las piernas de la criatura y lo derribo, el tercer adversario quiso aprovechar que ella estaba en el suelo para golpearla, pero antes de dejar caer el garrote, la joven deslizo el bastón y logro golpearlo en la parte baja de su cuerpo, dejándolo rápidamente fuera de combate.
Temiendo que más de ellos le atacaran, Zelda se dispuso a partir, pero el sonido de una trompeta irrumpió la armonía del bosque, como abejas atraídas por la miel, aparecieron más Bulblin y de entre ellos apareció montado en un monstruoso jabalí, un Bulblin más grande y por consiguiente más fuerte, este nuevo enemigo se rio y ordeno a sus subordinados atacar.
De inmediato la situación se volvió malísima para Zelda que debía lidiar con el escandaloso cauce y sus numerosos contrincantes, cobardemente varios Bulblin la atacaron simultáneamente quien a muy duras penas lograba bloquear y/o esquivar sus embrutecidos asaltos, al ver la tenacidad de la joven el Bulblin mayor apuro las riendas de jabalí con la intención de embestirla, Zelda escucho los pesados cascos acercarse y se arrojó de lado para evitar la acometida, sin embargo tal maniobra la dejo mal posicionada, oportunidad que no dejo escapar un Bulblin quien la derribo con un fuerte golpe en la espalda, en seguida las demás criaturas se unieron a la paliza, el malvado líder al verla derrotada y aturdida, bajo del jabalí y se acercó con hacha en mano.
- Es nuestra ley, el derrotado debe morir – Expresaba triunfante aquel cobarde.
- No sabía que pudieran hablar – Fue lo único que pudo expresar con sabor a sangre en su boca y humillación por la derrota.
La criatura levanto su hacha, listo a dar el golpe final, de repente los demás Bulblin vieron que su jefe dejo caer su arma, después cayó el dos con Kunais clavados, uno en la garganta y otro en la cabeza, fue lo último que vio la joven antes de desmayarse.
La noche estaba ya presente cuando Zelda recupero la conciencia y con el la percepción del dolor, al palpar la suave superficie supo de inmediato donde estaba y luego sintió el nerviosismo al detectar la presencia de su tutora, quien pacientemente esperaba su despertar, lo único que pudo hacer fue agachar la cabeza.
- ¿Se puede saber qué demonios pensabas al alejarte así? – Reprendió su maestra.
Zelda apretó la cobija y no contesto.
- Te iban a matar, gracias a las diosas que Akela y yo llegamos a tiempo.
- Lamento que estés enojada Impa – Respondió la joven reforzando su calma.
- No estoy enojada – Contesto – Estoy decepcionada por tu desobediencia  Zelda ¿Qué está pasando contigo?
Al oír la palabra decepción, el respeto y la calma se vino abajo, apretó con más fuerza las sabanas y exclamo.
- ¡Pues lamento que estés decepcionada!  ¡Lamento mi ceguera, que es como una maldición! Y ¡Lamento no cumplir tus expectativas, de no ser como los demás Sheikahs! Simplemente… porque no soy tu hija.
Un frio extraño recorrió por la espalda de la capitana, al saber que el momento había llegado, ese que Akela le había advertido, el momento en que Zelda pidiera respuestas de su procedencia.
- ¿Quién te dijo eso? Pregunto, con la inútil intención de retrasar lo inevitable.
Zelda guardo silencio.
- Dímelo – Suplico la Sheikah dejando de lado la cólera que le había provocado su insubordinación. – ¿Alguien de la aldea? ¿Fao talvez?
- Nadie de la aldea, fueron cosas que escuche en nuestros viajes, en aquellos pueblos, eran susurros, susurros que no pudiste o no quisiste escuchar, pero como sabes mi oído es mucho más agudo que el tuyo, al menos esa ventaja tengo. – Expreso entre tristes sonrisas.  
Impa seguía enmudecida, Zelda aprovecho su silencio para continuar.
-  Podrías ocultar la verdad dentro de la aldea, pero fuera de ella no tienes ninguna potestad, Impa yo… siempre tuve la certeza que tú y yo éramos diferentes, es solo… es solo que esperaba que tú me lo dijeras.
A pesar de que las emociones de la Sheikah era un desorganizado conjunto, logro comprender su anterior comportamiento, entonces libero un suspiro, acerco una silla y con un súbito bajón de tono dijo.
- Ya veo, entonces… ¿Quieres saber la verdad?
Un simple “si”,  fue su respuesta, entonces Impa volvió su mirada al inquieto danzar de una vela, como queriendo pedir prestada fortaleza de la llama, cosa que pareció funcionar ya que Impa relato aquel pasado tan trágico envuelto en la incógnita, sin omitir detalles, tal como Zelda se lo había pedido, al finalizar dijo.
- Como ves yo también desconozco muchas cosas de tu origen, lo único que lamento en estos 10 años es no haber sido totalmente sincera contigo y… no haberte dicho lo mucho que me enorgulleces.
Al finalizar esa frase y al ver que Zelda era incapaz de dar un veredicto, Impa se retiró.
A la mañana siguiente las aves madrugadoras inauguraban una nueva jornada, Impa estaba fuera de casa desvelada, el miedo de haberse ganado un posible repudio la carcomía por dentro. El leve golpeteo de una madera y unos pasos le arrancaron del trance, se volvió y vio a su pupila frente a ella, el viento frio jugueteo con los cabellos de ambas, antes que Impa supiera la tan ansiada respuesta, Zelda rápidamente abrazo a su maestra y entre lágrimas se disculpó por lo del día anterior, Impa repaso su mano en su cabeza y le dijo.
- Esta bien hija mía, no te preocupes más.




En pleno amanecer comenzó, el retumbar de una trompeta de guerra, libero una sorpresiva lluvia de flechas llameantes que aterrizaron sobre los techos de madera y paja, provocando rápidamente varios incendios; una segunda corneta retumbo e inmediatamente una horda de Moblins y Bulblin aparecieron arrasando todo lo que encontraban a su paso, uno de ellos había acorralado a una mujer y su bebe, la malvada criatura reía mientas levantaba su espada para asentar el fatal golpe cuando de repente fue halado por una cadena que se había enrollado en su macizo cuello, el enfurecido ente arremetió contra su captor, pero antes que hiciera cualquier cosa su garganta había sido cortada.
- Busquen refugio, nosotros nos encargaremos – Le indico su salvador quien no era nada más ni nada menos que Akela.
Rápidamente la pacifica aldea se convirtió en un atroz campo de batalla, los filos chocaban, el dolor resonaba y la sangre de Sheikahs e invasores manchaban por doquier, desde lejos dos líderes observaban inexpresivos como sus congéneres eran masacrados rápidamente, entonces uno de ellos volvió a tocar la trompeta, entonces los arqueros volvieron a propinar una lluvia de flechas, la capitana que luchaba codo a codo con su alumna al ver las mortales saetas venir se abalanzo sobre ella para apartarla, luego un Moblin dejo ir un fuerte corte de su espada, que choco con el blindado brazo de la capitana que instintivamente interpuso para proteger a Zelda, luego agarro un puñado de polvo y se lo arrojo en los ojos, la criatura chillo de ira unos minutos antes de sentir el filo de la espada de su oponente cortarle la garganta. A los pocos minutos llegaron Akela y Fao preguntando por el estado de ambas.
- Estamos bien, pero no lo estaremos por mucho si no detenemos a los arqueros, Akela, ¡vamos!
- Como tú digas – Respondió su lugarteniente.
Entonces Impa ordeno a Zelda y a Fao resguardarse, mientras ellos detenían a los arqueros; con valentía pero sin desatender la cautela los lideres salieron a enfrentar a los arqueros, en el camino otros Sheikahs se les unieron, esquivando y resguardándose como podían de las saetas, cuando el recién formado grupo estaba cerca, las cobardes criaturas se echaron a correr, pero no hubo piedad para ellos, rápidamente los gritos de dolor y agonía invadieron  todo el lugar, después de eso hubo mucha calma y una desagradable pila de cadáveres, pero entre los ajusticiados no se encontraban los líderes de las bandas, entonces temiendo que esos seres buscaran más refuerzos Impa ordeno al grupo regresar a la aldea atender a los heridos y hacer un recuento de los daños, mientras que Akela y ella buscaban a los líderes Moblins y Bulblin; fue así como la búsqueda dio inicio, adentrándose entre la arbórea densidad, hasta que finalmente encontraron al susodicho par.
- Se metieron con la aldea equivocada – Amenazo Akela mientras giraba su cadena.
Las criaturas gruñeron en pos del miedo, la capitana y su compañero estaban seguros que habría una pelea, mas no fue así, los monstruos se arrodillaron y con una daga que escondían en sus anchas cinturas se atravesaron ellos mismos la garganta, tal acción dejo perpleja a la pareja, ya que era sabido que a pesar de su brutalidad, esos seres preferirían luchar antes de recurrir a un método de escape tan cobarde.
-  Regresemos - Dijo la capitana - Ya no hay nada que hacer aquí.
Mientras regresaban, ambos analizaban de manera independiente lo que había ocurrido, tanto fue su ensimismamiento que no sintieron cuando estaban muy cerca de la aldea, Impa se detuvo y miro con suma tristeza el devastado entorno.
- Saldremos de esta.
Impa se limitó a asentir, luego su compañero noto un violento temblor en el brazo derecho de su compañera, tomo su brazo, miro con preocupación la armadura destrozada y una herida profunda.
- Pero mira que descuidada eres - Regaño Akela.
- Es solo un rasguño, ya déjame y volvamos a la aldea.
- ¡No seas tonta! ¿Que no ves que es una herida profunda?
En seguida Impa y Akela se envolvieron en un dulce forcejeo, que termino cuando Impa dejo escapar un quejido de dolor, que rápidamente provoco las risas de su comandante.
- Ves que si te duele – Expreso triunfante mientras sacaba de sus bolsillos un pequeño bote, luego el Sheikah retiro el destruido metal y empezó a untar la medicina, Impa estaba avergonzada haciendo lo posible por retener cualquier expresión de dolor, para no volver a ser objeto de burla de su comandante. Cuando Akela termino de aplicar el remedio, rasgo un pedazo de su ropa y empezó a vendar la herida.
- Sabes, entiendo que quieras mantenerte fuerte para todos nosotros, pero no debes olvidarte de ti misma, tu cuerpo, es tan vulnerable como el de cualquier mujer.
- ¡No digas tonterías! – Exclamo Impa con un notorio sonrojo de sus mejías.
- Solo digo lo que es cierto, por mucho que intento ser fuerte a tu lado y frente a los demás, soy consciente que soy tan inmune como cualquier hombre.
Cuando Akela termino el vendaje, Impa cerró y abrió su puño varias veces, sintiendo una enorme comodidad por aquel detalle, agradeciéndole de una manera totalmente impropia de su personalidad; entonces sucedió, producto de la soledad, y un sentimiento encadenado, dejándose llevar por la inconciencia y una mutua hipnosis, sus labios se juntaron, dejando en libertad aquel deseo que ambos habían apresado.
Un mes había pasado desde la ofensiva, pero los Sheikahs continuaban en  plan de recuperación debido al encarecimiento de recursos, pero he aquí que el destino les tenía preparada nuevas experiencias; era una mañana nublada cuando ellos llegaron, cuatro caballeros provenientes del castillo, pidiendo una audiencia con la máxima autoridad de la localidad, rápidamente Impa y Akela hicieron acto de presencia, con el debido respeto ambas partes se saludaron, el caballero explico que el motivo de su visita era entregar una carta de parte del actual gobernante de Hyrule, una vez entregado el recado la escolta pidió permiso y se retiró.
Sin esperar un segundo, Impa abrió la carta, la leyó en voz alta para que su lugarteniente se enterara del contenido, al final el típico silencio que provoca la reflexión se presentó, y más tarde  Akela pregunto.
- ¿Iras?
Impa tardo varios minutos en confirmar su viaje, ya que no deseaba alejarse demasiado de su gente, pero contra un decreto real nada podía hacerse, así que preparo todo lo necesario para su viaje, a la mañana siguiente ella partió, le encargo como siempre la villa y por supuesto el entrenamiento de su alumna. Entonces Akela la vio partir encomendando a las diosas por su seguridad.
Impa había ido a muchas partes, pero nunca tan lejos como Hyrule, fueron semanas de cansado andar hasta que  ella y sus acompañantes llegaron al lugar en cuestión, grande fue su sorpresa al notar cierto descuido en el reino,  dejadez que la gente veía con normalidad, una que se camuflaba de una tristeza que se veía y se sentía a medida que se adentraba en sus empedradas calles.
- Definitivamente este no es el Hyrule del que me habían hablado – murmuro para sus adentros.
Al llegar a la entrada del castillo un misterioso hombre la esperaba, usaba largas túnicas color rojo, su mirada profunda llevaba un alma que inspiraba desconfianza, sin embargo cuando este estuvo frente a frente con la Sheikah su expresión cambio a una más amable, pero no por eso Impa dejaba de sentir aquel recelo.
- Agradecemos su tiempo venerable capitana – Saludo aquel oscuro hombre.
Impa le miró fijamente antes de llevar su mano a su pecho y corresponder al saludo,  saludo que fue más  por educación que por gusto.
- Mi nombre es Agahnim y yo seré su anfitrión, ahora por favor sígame, la corte nos espera.
Con un sentimiento de incomodidad y desconfianza Impa siguió aquel misterioso hombre.
Después de varias semanas Impa regreso a la aldea y trajo buenas nuevas, una nueva etapa para su gente, una luz de esperanza que no tardo en comunicar a su mano derecha, sin embargo  Impa presentía que dicha esperanza tenia ciertos sinsabores que no podía explicar.




La vida de los Sheikah mejoro desde que Impa aceptara ponerse a las órdenes del nuevo reino hace ya cinco años, quienes comenzaron como espías ocasionales, Hyrule vivía una era oscura y conflictiva, causada por rebeldes y algunas intervenciones externas, es por eso fue mal llamada la era del caos.
Paulatinamente los deberes de los Sheikahs tomaron otro sentido, tareas que consistían en rastrear, encontrar y eliminar; no era la primera ni la última vez que los Sheikahs mancharan sus manos de sangre, sin embargo Akela sentía que aquellas vidas que arrebataba su clan eran injustas, esas voces muertas de odio, voces de aquellos que negaba la legitimidad del actual soberano, muy a pesar de que el poseía aquella prueba tan irrefutable, entonces afloraron en el sentimientos de rebeldía, que no pudo callar, a partir de allí comenzaron las críticas, que con el paso del tiempo evolucionaron a fuertes discusiones con la recién nombrada general.
Un día entre los días, Akela había sido informado que unos rebeldes escondían armas en una pequeña comunidad abandonada, sin demora alisto un escuadrón y partió atender personalmente el asunto.
Estaba en la región de Latoan, marchita, olvidada casi fantasmagórica, con mucho cuidado Akela guio a sus hombres atreves del lugar, el sonido de la erosión y el chillar de las ratas le daban un toque tétrico, con señas Akela dio la orden de dispersarse, varios minutos duro aquel sigilo hasta que fue irrumpido por el estruendo de muebles estrellarse, rápidamente el comandante se apresuró a llegar al lugar del disturbio, una vez allí, la cólera lo invadió al ver a cuatro de sus hombres apunto de matar a unos niños, sin pensarlo Akela tomo a uno de ellos y le dejo ir un puñetazo tan fuerte que le rompió la nariz.
- ¿Que creen que están haciendo?
- Señor estábamos tratando de sacarles información.
- ¡Te das cuenta que solo son unos chiquillos!
- Pero señor, esta es una guerra ellos deben saber algo – Se apresuró a contestar uno de sus hombres.
Mala respuesta, ya que Akela enterró su puño en su nariz al igual que lo había hecho con el otro soldado, sus demás compañeros decidieron callar no querían recibir aquella descarga de furor, por fortuna su ira fue frenada con la intervención de otro soldado, quien le informo que habían encontrado lo que buscaban, entonces el capitán ordeno regresar al castillo no sin antes decirle a los chicos que se fueran.
- No podemos – Contesto uno de ellos. – Nadie se acerca por aquí, así que es el lugar más seguro que tenemos, no queremos ser víctimas de algún malvado.
Entonces Akela se volvió a ellos con compasión, les dio dinero y les indico donde podrían estar a salvo, una vez hecho eso se marchó.
Al regresar al castillo se dirigió sin escala al despacho de Impa, a quien encontró abstraída en sus deberes, él sabía perfectamente lo mucho que le molestaban las interrupciones, mas no le importo, estaba harto, necesitaba dejar salir toda aquella indignación.
- Impa cometimos un grave error, hasta cuando seguiremos sordos y ciegos de esta situación.
La general frunció el ceño, sin mirarle le respondió haciendo acopio de su paciencia.
- ¿Que paso esta vez?
- Los susodichos soldados cobardemente levantaron su espada contra unos pobres niños que se refugiaban de la guerra.
Impa cerró los ojos, suspiro y no respondió, no deseaba discutir, la indiferencia de su superiora detonaron su impaciencia, estrello las palmas de sus manos contra el escritorio y exclamo mostrando una violenta indignación que muy raramente dejaba ver.
- ¿Que pasa contigo?  ¡Te desconozco!
- ¡No! - Replico – Yo te desconozco ¿acaso olvidas nuestro rol? Ha sido nuestro deber por generaciones, además sí yo no hubiera aceptado ponernos al servicio de Hyrule, aun seguiríamos hundidos en la precariedad.
- ¡Pero a cambio de que! siento como si hubiéramos vendido nuestra alma al diablo, nosotros somos honorables guerreros, no matones de callejón, ¡porque diablos no entiendes eso!
- ¡Eres tu quien no se ubica, las guerras son así, llenos de muerte y horror!
Akela no concebía como aquella fuerte pero bondadosa mujer, se había transformado según el en un títere de un deber ancestral que estaba costándoles sus códigos de honor, entonces con mucho pesar decidió apartar sus sentimientos, para recurrir a una cláusula de ley de su aldea.
- No me dejas otra alternativa Impa, en todo este tiempo he tratado de ser paciente, pero te niegas a escuchar, aprovechare que Zelda y Fao no están aquí,  para hacer lo que debo.
- ¿De que estas hablando? – Pregunto Impa al mismo tiempo que se levantó de su silla.
- Sabes lo que dice nuestra ley cuando hay dos candidatos al liderato de nuestra aldea.
- ¡Te has vuelto loco!
- Si yo gano tomare el mando y me llevare a nuestra gente, si pierdo dejare que tu hagas lo que creas conveniente conmigo, así es nuestra ley.
- No levantare mis manos contra ti.
- Negarte es una grave deshonra para ti, al saberlo los demás te creerán cobarde, oportunidad que yo aprovechare a mi favor, tú decides.
Pronto Impa se vio entre la espada y la pared, ya que nunca imagino tener que competir por el liderazgo, mucho menos con Akela quien a lo largo de los años había formado un lazo especial, pero tampoco podía permitir cualquier tipo de desestabilización, así que a regañadientes y con un gran nudo en la garganta ambos acordaron enfrentarse al amanecer.
Amaneció nublado y con ganas de llover, el enfrentamiento de Akela e Impa tomó por sorpresa a los demás miembros de su clan, de tal forma que hicieron los preparativos a la carrera, ya que estos encuentros eran casi un ritual, que pasaba con poquísima frecuencia.
En la intimidad de su nuevo territorio en una arena polvosa se llevaría a cabo, lejos de los foráneos que  se dejarían llevar por vánales emociones que provocaban las típicas peleas callejeras, para los Sheikahs no era nada de eso.
Los contendientes estaban en las esquinas esperando el arranque del encuentro, que no querían iniciar, a pesar de que sus endurecidos semblantes dijeran lo contrario.
- Lucharan sin armas, el encuentro será sin límite de tiempo y finalizara hasta que el oponente admita la derrota o quede inconsciente, el ganador decidirá el destino de su contrincante no importando que este sea la pena capital. – Explico uno de los Sheikah que había sido seleccionado como observador. – Sí alguno de los dos desea desertar del desafío, ahora es el momento.
Esas últimas palabras hizo temblar a los contendientes, el sudor empezó a correrles frio por el rostro, inclusive la tentación de declinar  les cincelaba la mente y corazón, pero después vino el orgullo, el orgullo de líder y el orgullo de querer tener la razón, así que ninguno dijo nada, el observador al no ver ninguna señal de titubeo dio inicio al encuentro.
El encuentro comenzó entre dudas, los dos se acercaron al centro de la arena rodeándose a sí mismos, intentando retrasar al menos una milésima de segundo el lio en el que estaban, nubes negras cargadas de lluvia y energías tupian el cielo, el estallido de aquella aglomeración de cargas energéticas, fue el arranque de la contienda, fue Impa quien lanzó el primer golpe, que choco en el brazo de su oponente, quien respondió casi de inmediato con una serie de golpes, el silencioso publico observaba seriamente ese veloz intercambio de puños y patadas, ansiosos por causar algún daño, con sus rápidos ataques Impa hacia retroceder a Akela por momentos, a veces Akela hacia retroceder a Impa con la potencia de sus ataques y es que Impa era veloz, tanto que Akela lograba esquivar y/ o bloquear por mero instinto; Akela por su parte era un poco más lento pero no por eso dejaba de ser peligroso,  Impa sentía aquella potencia, cuando obligadamente interponía sus brazos para bloquear.
La lluvia empezó a caer, pero ninguno se inmuto el encuentro continuaba su curso, hasta Impa hizo un giro completo para esquivar un puñetazo, en esa milésima de segundo en la que estaban de espalda Akela aprovecho para patear  la rodilla de su oponente, a su vez Impa concentro su energía en sus palmas y la descargo contra el hombro derecho de Akela, tal ataque obligo a ambos a separarse, la lluvia seguía cayendo con fuerza y los contendientes resentían silenciosamente las lesiones, el furor de la batalla había disipado aquella reticencia que tenían al inicio, retomaron su postura dando a entender que esto seguía adelante, sin embargo Akela noto debilidad en la postura de Impa, debido a la lesión, sabía que ella estaba de pie solo por dignidad, entonces reanudo su ataque y sintió una disminución en su defensa, que aprovecho al propinar un golpe en su estómago que la hizo retroceder, Akela estaba a punto de dar un golpe final, pero para su sorpresa y como último recurso Impa giró completamente su cuerpo y utilizo la trayectoria rectilínea del golpe para proyectar a Akela; un rayo partió el cielo y los gritos de lucha dejaron de acompañar a la escandalosa lluvia, los espectadores miraron sorprendidos como Akela yacía en el suelo, con los dedos índice y medio de su oponente encima de su tráquea.
- ¿Te rindes? – Pregunto Inexpresiva la general.
Akela tardo varios minutos en responder y darse cuenta que había sido vencido, su adversaria empujo un poco sus dedos como medida de presión, la dificultad de respirar y el tragar de su saliva, le obligo a asentir y admitir su derrota. Todo mundo estaba perplejo y expectante de la decisión que tomaría la capitana quien a pesar de haber ganado sentía un mal sabor de boca.
- Impa ha ganado la contienda-  Anuncio el Sheikah, luego se dirigió a  la ganadora con estas palabras - El destino de su oponente queda en sus manos general.
Fueron largos segundos de espera, escuchando la bulla del chaparral, hasta que al fin Impa cerró los ojos y tomo una dura decisión.
- Puedes hacer lo que te plazca, ir a donde quieras ir, pero lejos de nuestra tribu y de Hyrule, a partir de este momento quedas relegado de tu cargo.
Humillado y dolido Akela se levantó, arranco una pluma roja que adornaba su brazo izquierdo, la dejo caer y sin decir palabra alguna se marchó, Impa también se marchó cojeando e internamente dolida, en ese momento ambos desearon que la lluvia lavara todo recuerdo, aquel suceso y aquel sentimiento romántico que los unió alguna vez.
Habían pasado tres días desde aquella fatídica contienda y la rutina siguió su curso, como siempre Impa se autoimpuso una férrea barrera para parecer fuerte e indiferente ante los demás, sin embargo la ausencia de su capitán, actuaba como un cáncer silencioso, le extrañaba, se preguntaba una y otra vez si había y estaba haciendo lo correcto, pero ese sentir apenas comenzaba, ya que no sabía cómo les daría la noticia a Zelda y Fao.
Era una noche manchada de nubarrones que escondían el resplandor del astro nocturno, las calles de Hyrule estaban solas y pintaban de un negro tal que las contadas antorchas  no lograban iluminar, Impa andaba allí, regresando de unas compras, cuando escucho a unas cadenas rastreras, la general se alertó pero continuo como si nada, de repente de las sombras salieron disparados dos Kunais que Impa esquivo y quedaron prendidos en la pared.
- Muéstrate cobarde – Rugió la capitana.
- No esperaba menos de ti Impa ¿dime como está tu pierna? – Pregunto con sorna su atacante mientras salía de las sombras.
Tartamudeando la general pronuncio el nombre de su atacante, este en cambio la miro con una tristeza matizado de un sentimiento oscuro, que espantaba.
- ¿Akela que estás haciendo? te di la orden que te largaras de aquí.
- No respondo más ante ti.
Enseguida Akela saco una espada corta y su característica cadena e inmediatamente ataco a la capitana, quien se limitaba a esquivar, pronto su atacante se cansó de ese vaivén de ataque y defensa para recurrir a una estrategia muy sucia cuando pateo la rodilla lastimada de Impa quien rápidamente cayo de rodillas, Akela aprovecho esa debilidad para dejar ir un corte descendente, rápidamente Impa bloqueo el traicionero ataque con su espada.
- Eres un maldito cobarde – Exclamo Impa con incredulidad mientras forcejeaba con su antiguo capitán.
Luego Impa dejo de forcejear para que Akela se fuera con todo impulso para ella rodar y alejarse de él, el Sheikah libero otro Kunai con tal velocidad Impa apenas esquivo y el filo le hizo un leve raspón en la mejía, después Akela libero su cadena y esta se enredó en la espada de su oponente, de inmediato la pelea se volvió mucho más cerrada, la general se limitó a mover la cabeza y la cintura para esquivar las furiosas estocadas del enemigo, de nuevo Akela volvió a patear la lastimada rodilla de ella, haciendo que se doblara del dolor, oportunidad que no desperdicio Akela para herirla en el hombro, Impa aprovechó también ese momento para girar su enredada arma y herir a su oponente en el costado, el dolor obligo a ambos a separarse y quedarse mirando de una manera totalmente contraria a la que solían hacer.
- Me decepcionas Akela, nunca pensé que llegaríamos a este punto y lo peor es que recurrieras a métodos tan cobardes.
- Aunque no lo creas me duele hacer esto, pero tú ya no escuchas y tengo que hacer lo que debo por el bienestar de nuestra aldea.
- Sobre mi cadáver.
- Que así sea.
Los dos iban a retomar su combate, cuando lejanas antorchas los interrumpieron, eran guardias que venían a toda prisa, atraídos por el escándalo de lucha, entonces Akela se vio en desventaja miro a su contrincante y le dijo.
- Ruega a las diosas para que nunca nos encontremos.
Entonces se fue; herida e impactada Impa no tuvo valor para seguirlo, se limitó a esperar a los guardias para ordenarles buscar al asaltante, pero ella no quiso participar en la persecución, en cambio se dio la vuelta y regreso cojeando a casa, al llegar a la comunidad, los demás Sheikahs al verla en ese estado le ofrecieron llamar un médico, más ella amablemente se negó y se encerró en su casa, enseguida busco en la repisa algún remedio, al no más tenerlo en la mano Impa se dejó caer al suelo, el bote medicinal rodo varios centímetros, entonces sucedió, por primera vez la general lloro amargamente, en aquel silencio hogareño, siendo el ígneo baile de una vela el único testigo de aquel dolor.
Varios días después, Zelda y Fao regresaron de una agotadora misión, grande y doliente fue su sorpresa de haberse enterado de lo que sucedió en su ausencia, al principio ninguno quería creer que aquel hombre con el que compartían un lazo tan fraterno, había cometido semejantes faltas, pero el respaldo de todos los testigos, obligo a los jóvenes a aceptar la amarga verdad.
Entonces el tiempo pasó, los Sheikahs continuaron sirviendo fielmente al emperador, ya que la guerra había tomado otro enfoque, ahora la disputa consistía en encontrar algo que pomposamente relataba el folklor de su tierra, sin embargo y a pesar de las apariencias, el recuerdo de la traición dolía como herida recién hecha. Y he aquí que pasado el tiempo la general observaba el atardecer, esperando paciente e impaciente a la vez, el regreso de su alumna, de su hija y de su recién adoptado subordinado.
Todas las historias aquí referidas corresponden a un antes un después y un ahora.
La era del caos

Primeramente, este capítulo es una continuación totalmente directa del anterior, véanlo como una segunda parte.

La estructura: el capítulo está compuesto por pequeños relatos separados por una línea, que aunque se vean independientes van a llegar a lo mismo, digo esto, por si lo sienten poco coherente.

Espero no haberles aburrido ya que acá profundizo en el estilo de vida de los Sheikahs, siempre me han llamado la atención y por eso me tome tantas libertades, siento que son tan geniales que merecen un poco más de atención.

Contarles que este capítulo fue difícil,  ya que (y créanmelo) trate de hacer un contraste entre la dura Impa que todos conocemos y una más humana, que a pesar de su rigidez no deja de mostrar sus sentimientos cuando la situación lo requiere o la obliga a hacerlo, realmente me encantaría, casi se los pido de favor que al momento de dejarme el review me diga si logre hacerlo.

Respecto al punto anterior una de las cosas que me llama poderosamente la atención, es la relación que tienen Zelda e Impa, que a lo largo de sus apariciones Impa siempre funge el papel de protectora, consejera, etc.  Siendo para mí el Ocarina of time la mejor de todas a mi parecer, tanto que me agarre directamente de allí y le di más fuerza, noción que se ve aquí y talvez en fics futuros.

A pesar y al igual que el capítulo anterior este es gravemente revelador, aun así hay huecos que serán explicados más adelante.

Espero sea de su agrado, have a nice day xD

Prologo
Capitulo 1
Capitulo 2
Oscuridad
Capitulo 3
Capitulo 4
Capitulo 5
Aunque la sangre no nos una
Capitulo 6

La esencia de un amor que no existe
Capitulo 8

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Bueno gentes gentesitas queridas queriditas xD despues de la llorazon de la otra cara de la leyenda (espero que les haya pasado). No en serio para mi fue un poco dificil terminar esa historia la quize mucho pero no hablare mas de eso en el capitulo final están los comentarios respectivos. EN FIN!!! la función tiene que continuar asi que damos inicio a la era del caos, como ya lo habia dicho el mas probable que iba a venir era uno de Zelda y asi lo hice xD. Ok. comentarios generales de la era del caos, con solo leer titulo y el contenido del primer capitulo que es muy corto se daran una idea de que cronologia me agarre, no obstante quiero comentarle que me voy agarrar de varios elementos de otras entregas que iran viendo en el transcurso de la historia en otras palabras vamos hacer un revoltijo xD, aun asi espero la disfruten y sea de su agrado.

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Favourite cartoon character: Inuyasha ahome, naruto, hinata
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:iconwhoknows4682:
Whoknows4682 Featured By Owner Mar 4, 2015
Thanks for the watch, buddy!
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:iconkellyhyuga:
kellyHyuga Featured By Owner Mar 5, 2015
Oh.... no problem buddy you history is so good
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:iconbizzarroynospito:
BizzarroYnospito Featured By Owner Oct 26, 2014
Gracias
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:iconfrxplanner:
FrxPlanner Featured By Owner Sep 9, 2014
Hola tanto tiempo ¿Qué ha sido de ti?
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:iconbizzarroynospito:
BizzarroYnospito Featured By Owner Jun 3, 2014
Gracias por le watch de verdad y pues me toca ami tambien agregarte a i deviantwatchamigos hahaha
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:iconlittledreamer96:
LittleDreamer96 Featured By Owner May 22, 2014  Student Filmographer
Gracias por el fav :)
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:iconthepenvsthesword:
ThePenVsTheSword Featured By Owner May 9, 2014  Student Writer
Gracias por el fave!
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:iconbizzarroynospito:
BizzarroYnospito Featured By Owner Apr 28, 2014
Bueno apenas somos conocidos y tu cumpleaņos ya paso pero de todas maneras Feliz ya cumpleaņos XD
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:iconkellyhyuga:
kellyHyuga Featured By Owner Apr 29, 2014
Hey gracias compaņero en verdad lo aprecio
Reply
:iconthepenvsthesword:
ThePenVsTheSword Featured By Owner Apr 22, 2014  Student Writer
Feliz cumpleaņos!
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